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Publicado el 17 de mayo, 2018

Wes Anderson y su versión animada de la corrupción

Autor:

Virginia Araya

“Isla de Perros” es una fábula animada, pero en ningún caso una película infantil. Ironía, crítica al establishment político y su corrupción y una banda sonora que también es un aporte.
Autor:

Virginia Araya

Recién estrenada, ya es comentario obligado. Es que cada vez que Wes Anderson (idea original, director, productor y guionista) irrumpe en la cartelera, hace ruido. Esta vez viene con Isla de Perros, una fábula animada, una comedia en stop motion, que se adapta a la perfección a su tradicional estilo de  encuadres, tiros de cámara y simetrías de imágenes. Una construcción prolija con sus actores recurrentes, aunque ahora como las voces que dan vida a los verdaderos protagonistas: ¡los perros!

Pero no es una  película infantil y parte advirtiendo que los humanos hablarán japonés sin traducción -salvo excepciones- a diferencia de los ladridos, que sí serán traducidos en su totalidad, ja ja. Luego nos sitúa en una metrópolis del futuro –Megasaki– afectada por una epidemia, una gripe canina que está poniendo en jaque el poder absoluto de su alcalde, el Sr. Kobayashi (de la dinastía del mismo nombre que ha gobernado por décadas). Para poner fin a esta amenaza y al contagio, decide declarar una cuarentena a la población y exiliar sin más a todos los perros a la isla de la basura, donde son arrojados desde una especie de teleférico, como un material de desecho.

Dentro de los canes desterrados se encuentra Spots, mascota y mejor amigo de su sobrino de 12 años, Atari Kobayashi (en voz de Koyu Rankin), quien obviamente no tolera perderlo y se escapa en un avión para ir en su rescate. Llega a la isla de la basura, se encuentra con una pandilla de cinco “perros alfa”, también arrebatados a sus amos, y deciden ayudarlo a encontrar a su fiel amigo. Estos caninos son interpretados por las voces de Bryan Cranston (Chief), Bill Murray (Boss), Jeff Goldblum (Duke), Edward Norton (Rex) y Bob Balaban (King). En personajes femeninos, más voces  conocidas, como la de Frances MacDormand, Yoko Ono, Tilda Swinton y Scarlet Johansson.

Junto al intrépido y democrático quinteto canino (votan para cada decisión), Atari vivirá desafíos orwellianos singulares, como descubrir la verdadera identidad de Spots; rescatar el alma noble de su nuevo “mejor amigo”, un perro callejero que no sabe “por qué muerde”; y enfrentarse a una jauría de perros-robots. No sólo superan las dificultades, sino que gracias a  la labor paralela de la valiente líder pro-perros Tracy Walker (voz de Greta Gerwig) que descubre el asesinato del contendor político de Kobayashi, logran encontrar su antídoto contra la peste y salvar a todos los canes para siempre. Tema aparte es el adorable afro rubio de Tracy.

Así, Megasaki empieza a recomponerse y derrocan al alcalde, pero asume… Atari, por lo que el poder sigue en manos de los ¡Kobayashi!

Ironía, crítica al establishment político y su corrupción, y diálogos perrunos filosos, como cuando añoran su comida chatarra por ejemplo, hacen que por mucho que nos quieran situar en islas niponas, reconozcamos el abuso de poder universal.

La banda sonora es otro aporte, con canciones como “I won’t hurt you” (The west coast pop art experimental band) y momentos notables con sonidos tradicionales japoneses,  entre los que destacan los  “taiko”, esos grandes tambores golpeados a torso desnudo.

Brillante y magistral construcción de los perros. 101 minutos. En todos los cines.