La cocina política es presentado por:
Publicado el 10 de mayo, 2018

La “cocina política” de Mecha Corta: El Plato de Harvard del Ministro de Hacienda

Autor:

Mecha Corta

El ministro de Hacienda Felipe Larraín viajó a Boston para encontrarse con sus compañeros de curso, viaje que pagamos todos los chilenos, viático incluido. Según algunos, fue una invitación personal en su calidad de alumno, pero otros afirman que fue por su calidad de ministro. Se me viene a la cabeza aquella célebre frase de Cayo Julio César: “No sólo hay que serlo, hay que parecerlo”.
Autor:

Mecha Corta

 

 

@politicaycocina

La Sopa de Almejas (New England Clam Chowder)

(Para los ministros de Hacienda)

3 docenas de almejas

125 gramos de tocino en cubitos

50 gramos de mantequilla

2 puerros cortados en rodajas

2 ramas de apio picadas

6 cebollas

3 papas en dados

1 ramita de hierbas (tomillo, perejil, laurel)

2 cucharadas de harina

3 tazas de leche

Sal y pimienta

 

Tengo grabado a fuego eso que dijo el Presidente de que tiene 100 primos, pero uno sólo en el gobierno; lo que no nos contó fue que su pariente elegido venía con “yapa”… El flamante ministro del Interior, Andrés Chadwick, entró a La Moneda escoltado por dos hijos y una nuera. ¿Qué tal? Algo así como el primer día de clases, pero esta vez el acompañado es el padre. Para nada quiero desmerecer las aptitudes y el currículum de su cortejo, ministro, sólo pido que por favor sea más cuidadoso, no se olvide del ejército de individuos ansiosos de resaltar los errores de su administración. En todo caso, rescato su recato ante tanto revuelo, siga concentrado en lo importante.

Al que no bajan del columpio es al Fiscal Nacional, Jorge José Winston Abbott Charme, quien tiene tantos nombres como reuniones privadas con ilustres autoridades, entre ellas, el actual ministro de Justicia. Recuerdo ese primer encuentro, cuando Hernán Larraín era el entonces presidente de la UDI. En esa oportunidad, Larraín le prestó su oreja y escuchó atento sus cualidades como candidato para el Ministerio Público. La segunda reunión, eso sí, fue al día siguiente del triunfo de su actual jefe, cuando Larraín aún no estaba investido como ministro de Estado y tuvo como objetivo pedirle a Abbott que acelerara el proceso que involucraba al “rey del raspado de la olla”, el popular senador Iván Moreira.

Y ahora Abbott decidió compartir el columpio con el ministro de Hacienda, Felipe Larraín: bien generoso de su parte. Y es que esta semana Larraín se robó las portadas y las cámaras por varias razones. Primero, por su esperado cara a cara en la Comisión Especial Mixta de Presupuesto con dos de los tres ex ministros de su cartera del gobierno de Bachelet: Nicolás Eyzaguirre y Rodrigo Valdés. Por suerte dejaron a Alberto Arenas jugando Monopoly en su casa.

Es cierto, los ministros se veían bien relajados, tanto que no se esforzaron mucho por explicar, como todos esperábamos, qué miércoles significa el “gasto comprometido”, ni menos las “presiones de gasto comprometido”. Raya para la suma, lo único que pude concluir, además de las buenas migas reinantes, es que el gobierno anterior fue bien poco austero, que la mochila quedó cargadita y las arcas fiscales más secas que la laguna de Aculeo.

Pero el bonus track del ministro esta semana fue el viajecito que se mandó a Boston para encontrarse con sus compañeros de curso y que pagamos todos los chilenos, viático incluido. Así no más, todos colaboramos para que aterrizara en las tierras de Trump y celebrara en la casa de estudios de Obama: Harvard. ¿Qué está pasando ministro? Según algunos, fue una invitación personal en su calidad de alumno, pero otros afirman que fue por su calidad de ministro. ¿Sabe qué más? Da lo mismo, sólo se me viene a la cabeza aquella célebre frase de Cayo Julio Cesar: “No solo hay que serlo, hay que parecerlo”.

Pero como no todo es tan malo en esta vida, su visita a Boston me recordó esa deliciosa y tradicional sopa de almejas propia de New England; esa que se prepara en base a cebollas, apio y que tiene como protagonistas a las famosas clams de la costa de Massachusetts. Se la voy a dedicar, ministro, y, para seguir con la tradición, lo invito a la cocina junto a sus colegas Eyzaguirre y Valdés. Así, entre los tres, calculan bien las porciones y cuadran bien los detalles. Capaz que terminen más amigos todavía.

Que Nicolás lave las almejas en agua fría y las ponga en una olla con un poco de agua para que se cuezan al vapor. Una vez abiertas, que las saque, reserve la carne y guarde el caldo en tazas.

Por su parte, que Rodrigo ponga los trozos de tocino en un sartén, los fría y reserve. Usted ministro, derrita la mantequilla en una olla y agregue cebolla, puerro, apio y harina. Revuelva por tres minutos y, una vez listo, llame a sus amigos economistas para que le pasen las papas y el caldo.

Viertan todo lo anterior en el caldo y con paciencia dejen cocer las papas hasta que estén blandas. Cuando estén listas, agreguen la leche, las hierbas aromáticas, la sal, la pimienta y el tocino.

Ahora los tres a la mesa.  Sirvan la sopa en platos individuales, acompáñenla con pan tostado y no se olviden del vino. Entre conversa y conversa, lleguen a un acuerdo con respecto a los gastos comprometidos y busquen la manera de ahorrarse unos pesitos. Y después de esta reconfortante comida, vaya rapidito a comprar los pasajes de la próxima junta de ex alumnos que, según supe, será nuevamente en la ciudad que la cruza el rio Charles. Eso sí, que el gasto esta vez salga de su bolsillo, no queremos que vuelva a pasar por este mal rato.

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