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Publicado el 07 de julio, 2017

Secreto a Voces: Los niños del Sename y la indiferencia social (2)

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt
No me extrañaría que la discusión verdadera –cómo hacer valer los derechos humanos de estos niños– quedase peligrosamente subyugada a voluntades políticas, entrampada por los ciclos gubernamentales y alejada de su máxima esencia.
Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Hace justo un año publiqué acá en El Líbero la columna, “Secreto a voces: los niños del Sename y la indiferencia social”. ¿La razón? Un hecho abominable que jamás debió suceder: la terrible muerte de Lissette Villa, que otorgó visibilidad, le puso nombre y le dio un rostro a los horrores que enfrentan a diario los más de mil niños que permanecen en los hogares del Sename.

Esta semana la Cámara de Diputados rechazó el informe de la comisión investigadora del Sename, debido a la crisis que enfrenta dicha institución. A partir de la muerte de Lissette el caso estuvo en boca de todos, pero es obvio que no logró penetrar los corazones, ya que se me hace inexplicable que en las 700 páginas del documento (Sename 2) no hubiese información de peso como para comenzar a reparar cuanto antes una situación que sólo cabe calificar de maltrato infantil. Esta es una indebida postergación que afecta a los más desposeídos, a los más frágiles y, al parecer, a los más olvidados de nuestra sociedad.

Para colmo, antes de la decisión del Congreso conocimos el caso de Noemí Betanzo, ex jefa contable del hogar Arullo, en Concepción, quien afectada por una supuesta ludopatía, habría sido incapaz de controlar sus impulsos para apostar con dinero del Fisco destinado al hogar de lactantes, llegando a perder hasta $40 millones de pesos en un casino. Aun así, la fiscal a cargo la ha declarado inimputable y se ha propuesto el sobreseimiento del caso. Me espanta pensar hasta qué nivel llegan los abusos dentro del Sename y cómo será de grave el desorden administrativo, para que una persona de las características de Betanzo manejara recursos públicos destinados a niños desamparados. Parece surrealista. Una pesadilla que aqueja el alma de este país, pero de la que sólo algunos parecen querer despertar.

La última guinda de esta torta insalubre ha sido la discusión política en torno al Sename. Acusaciones van y vienen sobre qué se dijo y por qué, sobre quién hizo algo y para qué, sobre dónde, cuándo, cómo, etc. Una verborrea incesante que no lleva —ni a nosotros ni a los niños del Sename— a ninguna parte. Porque de nuevo una comisión investigadora del Congreso, pese a que tuvo un año entero para discernir sobre la precariedad que azota a la institución, fue incapaz de aunar criterios y concretar su más importante objetivo: establecer responsabilidades políticas y entregar propuestas de solución. No me extrañaría que la discusión verdadera –cómo hacer valer los derechos humanos de estos niños– quedase peligrosamente subyugada a voluntades políticas, despojada de toda fuerza, dilatada, entrampada por los ciclos gubernamentales y alejada de su máxima esencia.

Tras el rechazo del informe, una alta autoridad del poder Ejecutivo logró echarle más leña al fuego cuando, adelantándose a la vocería del Gobierno, expresó que “aquí todos somos responsables”. Lamentablemente, no puedo estar más de acuerdo, ya que ninguno de los que tuvieron en sus manos la posibilidad de generar alianzas, promover políticas y forjar los cambios necesarios para mejorar el Sename estuvo a la altura.

A pesar del fallido intento por alcanzar acuerdos políticos en torno a este tema, es necesario abstraerse del ruido ambiente y concentrarse en lo que verdaderamente importa en el Sename: la VIDA humana. Nada más, ¡ni nada menos! Las vidas de niños vulnerables que hoy permanecen atrapados en un eterno y sombrío presente. Vidas silenciadas de manera injusta, desesperanzadas y sin futuro, todo porque el país no ha sido capaz de darles prioridad a sus necesidades y mucho menos de mirarlos honestamente a los ojos, sin rehuir su dura realidad.

 

Paula Schmidt, periodista e historiadora

@LaPolaSchmidt

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

 

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