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Publicado el 12 de septiembre, 2018

Rosario Moreno: Septiembre: ¿hagamos una tregua?

Periodista y Licenciada en Historia UC Rosario Moreno
Aconsejo hablar menos y escuchar más, estar en silencio y sentir la naturaleza, gozar lo paisajes únicos de Chile, y preguntarse: ¿Qué puedo hacer yo para que avancemos como país, como personas, y no seguir empantanados en la historia? ¡Atrévase! Deje la ideología venenosa de lado y piense en el futuro, gozando el presente. Si los alemanes e ingleses pudieron ¿cómo no vamos a poder nosotros, que somos todos chilenos?
Rosario Moreno Periodista y Licenciada en Historia UC
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Hasta en la Gran Guerra lo lograron. Era tal el hastío de la desfiguración del alma humana, que nació espontáneo. En la Víspera de la Navidad de 1914, en plena Nochebuena y con un frío que cercenaba extremidades, los soldados alemanes comenzaron a poner sus escasos adornos dentro de las trincheras. Del otro lado, se comenzó a oír un emotivo villancico. Eran los ingleses que entonaban Noche de Paz. Así comenzaba la Tregua de Navidad, para dejar de lado fusiles y cañones, y celebrar, entre enemigos y aunque fuera por unas horas, esas fiestas. Los soldados comenzaron a salir de sus trincheras, al comienzo asustados, con sus fusiles cargados por si algo salía mal… y terminaron encendiendo fogatas y conversando.

 

Al día siguiente un soldado apareció con una pelota de fútbol y, en pocos minutos, ya había comenzado el partido. “Hicimos las porterías con sombreros extraños. No era sencillo jugar en un lugar congelado, pero eso no nos detuvo. Mantuvimos las reglas del juego a pesar de que el partido sólo duró una hora y no había árbitro”, describe una de las cartas de los participantes. Otro señala de ese día: “Ha pasado algo extraordinario. Esta mañana, un alemán gritó que querían una tregua de un día. Así que, con mucha cautela, uno de nuestros hombres se levantó por encima del parapeto y vio cómo un alemán hacía lo mismo. Uno de mis informantes me dijo que había podido fumarse un cigarrillo con el mejor tirador del ejército alemán, quien no tenía más de 18 años, pero que ya había matado a más hombres que 12 soldados juntos”.

 

Yo tenía 2 años cuando fue el golpe militar. No alcancé a votar en el plebiscito del 88. Pero acercándome al medio siglo he tenido que escuchar, quiera o no, cientos de versiones de una etapa histórica que si bien hay que estudiar, no puede paralizarnos como seres humanos.

 

Nosotros no estamos en guerra declarada y con armas, pero ronda en el país un ambiente aún más tóxico que lo ocurrido en Quintero-Puchuncaví. El aire está enrarecido, nos alberga la odiosidad, la crítica sin sentido constructivo; como si un presidente de centroderecha no tuviera derecho a gobernar o como si cierta izquierda que se dice democrática, no lo es, y ataca la tumba de Jaime Guzmán, y que seguramente convirtió el 11 en un campo de batalla (escribo esta columna antes de los tradicionales desmanes de esta fecha). Estoy hastiada. Estamos empecinados en buscar lo que nos separa en el pasado. Yo tenía 2 años cuando fue el golpe militar. No alcancé a votar en el plebiscito del 88. Pero acercándome al medio siglo he tenido que escuchar, quiera o no, cientos de versiones de una etapa histórica que si bien hay que estudiar, no puede paralizarnos como seres humanos.

 

Es hora de exigir a los mayores que dejen a las nuevas generaciones construir un Chile sin odios. Lo mismo pide la mayoría de los jóvenes que nacieron en este siglo XXI. Pero muchos políticos igualmente nos quieren envenenar. Ya parece un negociado de ambas partes, como si no hubiese otros temas urgentes para Chile. A ellos les acomoda. A nosotros no.

 

Propongo una tregua. Y qué mejor que partirla en septiembre, mes de nuestra independencia. Y ojalá que esta tregua se extienda y se extienda. No es sano, ni para la salud física, tanta toxicidad de improperios, actos irresponsables, miradas de desconfianza. Si Bernardo O´Higgins y todos los patriotas de aquella época nos vieran, ¿habrían hecho tantos sacrificios por el naciente Chile? Piénselo.

 

En esta tregua aconsejo hablar menos y escuchar más, estar en silencio y sentir la naturaleza, gozar lo paisajes únicos de Chile, y preguntarse: ¿Qué puedo hacer yo para que avancemos como país, como personas, y no seguir empantanados en la historia? ¡Atrévase! Deje la ideología venenosa de lado y piense en el futuro, gozando el presente. Si los alemanes e ingleses pudieron ¿cómo no vamos a poder nosotros, que somos todos chilenos?

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