Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 12 de septiembre, 2018

Jaime Abedrapo: Y después de La Haya, ¿qué?

Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Exteriores, ex Subdirector de la ANEPE Jaime Abedrapo
Propongamos sin irresponsabilidades, sin grandes elocuencias, sin triunfalismos pero tampoco fatalismos, una nueva forma de entendernos, que no sea por medio de órganos de resolución de controversias, porque ello no resuelve los asuntos de fondo.
Jaime Abedrapo Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Exteriores, ex Subdirector de la ANEPE
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El largo proceso político–judicial de Bolivia en contra de Chile presentado el 2013 llegará a su fin dentro de poco. Pero antes de conocer su resultado, debemos como nación preguntarnos: Después de La Haya, ¿qué haremos? ¿Seguiremos la senda de continuidad histórica en las relaciones entre ambos países, o nos atreveremos a cambiar la inercia que sólo ha empeorado nuestras relaciones y entendimiento mutuo?

 

Tras la actitud que asumamos está en juego, por un lado, una política destinada a administrar las diferencias y las inamistosas relaciones entre los países vecinos -que desde 1978 sólo tienen relaciones consulares- y, por otro, buscar un camino distinto. Uno que realmente en el tiempo traiga mayor entendimiento y bienestar a nuestros pueblos. De manera sucinta se aprecia que la génesis del conflicto latente entre ambos países es anterior a la Guerra del Pacífico (1879–1883), encontrando antecedentes en la Guerra contra la Confederación Perú–Bolivia (1836–1839), es decir, prácticamente desde los albores de nuestra vida como naciones independientes. ¿No será tiempo de implementar nuevas políticas que nos permitan salir de un paradigma hostil de vinculaciones históricas?

 

Tenemos la convicción que la herida en el alma nacional boliviana, luego de la pérdida de territorio y sobre todo enclaustramiento, no se resolverá por medio de contenciosos. Estos sólo han extendido aún más en el imaginario colectivo boliviano que sus anhelos se pueden transformar en derechos y ello muy posiblemente les traerá más frustración. Eso no ayudará a un mayor acercamiento entre las partes. ¿Estamos destinados a mantener una tensión constante entre nuestros pueblos y una rivalidad duradera? Nos parece que no.

 

Cualquiera sea el resultado, debemos tener una visión de futuro prospectiva que nos motive a superar un pasado de desencuentro. Ello, a no dudar, no será resuelto por el Tribunal Internacional de Justicia.

 

Propongamos sin irresponsabilidades, sin grandes elocuencias, sin triunfalismos pero tampoco fatalismos, una nueva forma de entendernos, que no sea por medio de órganos de resolución de controversias, porque ello no resuelve los asuntos de fondo. Abramos un diálogo como el que ya se hizo sin exclusiones, pero con mayor convicción para llegar a resultados y sin acudir a un tribunal cada vez que no conseguimos lo que deseamos o porque buscamos tener réditos domésticos. El foco debe estar puesto en ponernos en el lugar del otro y defender nuestros intereses. Esta no es una ecuación fácil,  pero cuando el objetivo central es acercar a nuestros pueblos en el diálogo y la cooperación, es el camino más sustentable. Es imperioso dejar de replicar lo que hemos hecho en casi doscientos años con nuestros hermanos bolivianos, y debemos ser capaces de superar las heridas provocadas durante los conflictos armados. Tal vez la manera más cómoda de no hacer mucho es esperar que el sistema internacional nos otorgue la razón, mientras que Bolivia no escatima ningún esfuerzo en intentar el desprestigio de Chile para conseguir que un tribunal internacional se acerque a sus tesis, todo ello sin importar que muy probablemente esa estrategia nos aleja más de un verdadero entendimiento y superación de las heridas del pasado.

 

Por ahora nos queda estar atentos a lo que resuelva el Tribunal Internacional de Haya respecto a la demanda de Bolivia en contra de Chile por un acceso soberano al Océano Pacífico, pero cualquiera sea el resultado debemos tener una visión de futuro prospectiva que nos motive a superar un pasado de desencuentro. Ello, a no dudar, no será resuelto por el Tribunal Internacional de Justicia.

 

 

FOTO:JOAN PUYOL/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más