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Publicado el 17 de marzo, 2018

Universidad y política

Es muy diferente que miembros de la universidad, individualmente considerados, militen en un partido político nacional, a que dicho partido milite en la universidad y la instrumentalice a conveniencia.
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La Universidad de Concepción vetó a José Antonio Kast invocando una resolución que prohíbe el uso de sus instalaciones para fines políticos o partidistas. La misma casa de estudios que abrió el año académico de la carrera de periodismo invitando a Beatriz Sánchez (2017), o que permitió a la ex candidata inaugurar una escuela feminista organizada por Revolución Democrática en el auditorio de la Facultad de Medicina (2018), súbitamente decidió exiliar la política de sus aulas.

Pero lejos de cerrar el debate, el comunicado público de las autoridades penquistas generó nuevas interrogantes. ¿Qué explica tal disparidad de criterio? ¿Qué entendemos por política en los cuerpos intermedios? ¿Cuál es el rol de los académicos?

Sobre lo primero, es obvio que, a diferencia de Kast, el Frente Amplio domina la mayoría de las federaciones estudiantiles de Chile. Su presencia es tan apabullante, que las autoridades universitarias suelen consentir sus exigencias para ahorrarse el repudio de aquellos estudiantes a los que han permitido ideologizar.

Lo anterior nos conduce al segundo punto. Es muy diferente que miembros de la universidad, individualmente considerados, militen en un partido político nacional, a que dicho partido milite en la universidad y la instrumentalice a conveniencia. En los cuerpos intermedios también se hace política, pero acorde a los fines de aquellos. El debate interno, ese que permite a los alumnos discernir entre alternativas contingentes, es propio de una universidad, en tanto que conserva un espíritu académico y pluralista. Por el contrario, censurarlo de forma previa y arbitraria es o la negación del debate o un capricho en favor de ciertas corrientes, lo que se traduce en un actuar dictatorial.

Por último, la recta comprensión del rol de los académicos en la vida universitaria nos debe llevar a exigir imparcialidad en la transmisión del conocimiento, así como permitirles una sana honestidad intelectual respecto a sus convicciones. La libertad de cátedra y la capacidad que se le debe asegurar a los planteles para configurar su propio ideario se convierten en valores centrales del sistema educativo, lejos del asedio ideológico que, como Kast, padecen en silencio universidades y profesores conservadores.

La reivindicación de la universidad como un espacio para el intercambio libre y respetuoso de ideas, y no para su cooptación por intereses ajenos a su misión, es tarea pendiente en Chile, donde verdades como estas por sabidas se callan y por calladas, se olvidan.

 

Henry Boys Loeb, director nacional Observatorio de la Cultura San Juan Pablo II

 

 

FOTO: ALEJANDRO ZOÑEZ/AGENCIA UNO

 

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