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Publicado el 11 de febrero, 2018

Un “salto de fe” para el mundo socialcristiano

El relativismo progresista que defienden algunos desorientados democratacristianos no hace más que hipotecar elementos identitarios y transferir cuotas de representación.
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Qué duda cabe que el mundo socialcristiano atraviesa por una crisis de representación. Deambulando entre la búsqueda de contenidos que permitan entregar un mensaje atractivo normativamente y una plataforma deficiente en el ámbito político y legislativo desde donde defender su visión de sociedad justa y buena, el socialcristianismo se ha caracterizado por una orfandad política que sólo es posible superar mediante un “salto de fe” hacia nuestros ideales.

El socialcristianismo es un conjunto de creencias sobre la convivencia en comunidad (polis) basada en una inspiración cristiana y un orden social sostenido en la dignidad trascendente de la persona humana y la primacía del bien común en sociedad. En síntesis de contenido, estos son los principios rectores que orientan la conducta y establecen normas de buena vida para la mayoría de los socialcristianos.

Desde la primacía del bien común y la dignidad de la persona humana un socialcristiano ya tiene una base sólida de donde echar mano para emitir juicios racionales sobre una sociedad justa y buena o para expresarse activamente en materias de orden moral y político. En contrapartida, el relativismo progresista que defienden algunos desorientados democratacristianos no hace más que hipotecar elementos identitarios y transferir cuotas de representación. El modelo de “conexión con la comunidad” como criterio de identidad promovido por Yasna Provoste, por ejemplo, tiene la desventaja de no ser un buen indicador.

En primer lugar, puede trastocar principios fundamentales para el socialcristianismo: ley de aborto, libertad de enseñanza, matrimonio homosexual, todo eso ha puesto en evidencia la política del surfing valórico. Transar principios en función de olas de opinión, no necesariamente tiene una correlación política positiva y generalmente termina en divisionismo, ya que no faltarán los guardianes ideológicos que hagan lo imposible por mantener la recta doctrina; ese fue el caso de Mariana Aylwin y la renuncia de emblemáticos militantes DC. En segundo lugar, la evocación a cierto progresismo valórico no encuentra respuesta coherente en la identidad socialcristiana, en consecuencia, dicho movimiento tenderá a asociarse con un tosco oportunismo cuyos resultados ya son por todos conocidos: un electorado que renuncia progresivamente a la oferta política de la falange.

El magro panorama nos lleva a cuestionarnos sobre la posibilidad de acogida de los contenidos comunitarios de inspiración cristiana en la sociedad chilena. Sin embargo, la evidencia demuestra que no hay razón para ello. La creciente toma de conciencia del mundo cristiano por temas que sacuden sus ideales (v.g. ley de identidad de género) genera movilizaciones que tienen una bajada concreta en los procesos electorales; la acogida de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia por parte de movimientos, grupos y centros de estudio (SocialcristianosxChile, Construye Sociedad, IES, IdeaPaís, entre otros) ofrece un marco conceptual denso para interpretar la realidad actual, incorpora diversidad de contenido al futuro gobierno (el “eje solidario” es claro aporte de este sector al programa de Sebastián Piñera) e incorpora una infantería comprometida en la representación y preocupación de los más vulnerables.

En ese sentido, la reciente propuesta del senador Francisco Chahuán de articular una Federación Socialcristiana (FSC) reconoce los procesos antes señalados y ofrece una alternativa real para generar espacios de conversación y confluencia de sensibilidades socialcristianas. ¿Qué hace falta? Citando a Søren Kierkegaard, el conocido filósofo danés, un “salto de fe”. Los socialcristianos deben creer que articular una plataforma representativa en la arena pública es posible y deseable. La superación de barreras ideológicas (izquierda-derecha) implica un salto de fe y buena voluntad, Nada garantiza que la operación no estará alejada de críticas y acusaciones, dado que puede dañar intereses personales o alejarse de lógicas dicotómicas ancladas en el pasado.

Las recientes negativas de Gabriel Silver y Gutenberg Martínez dan cuenta de una carencia de confianza y credibilidad en espacios de conversación para revindicar la identidad socialcristiana. El primero busca tironear a la DC hacia la órbita del relativismo progresista, cayendo en el error del surfing valórico y la incoherencia identitaria; el segundo no logra superar la falsa dicotomía izquierda/derecha, creyendo que dichas coordenadas agotan toda posibilidad de identificación y posibilidades de conversación. En síntesis, un salto de fe da la esperanza de ir evolucionando desde un estado de dispersión a uno comunitario para los ideales socialcristianos y logra posicionar la dignidad de la persona humana y la primacía del bien común como centro de referencia en la política nacional. Tarea noble por sí misma.

 

César Sandoval Cristi (@Sandoval_Cristi), cientista político, Socialcristianos por Chile

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL /AGENCIAUNO

 

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