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Publicado el 14 de mayo, 2018

Un fallo y una amarga sensación

El mínimo sentido común dice que fueron más de tres los que cometieron el crimen de los Luchsinger Mackay, el cual necesitó de organización, logística y de un buen número de encubridores, y de varios ideólogos también. Es obvio que las presiones internacionales hicieron lo suyo, mostrando a los imputados como pobres víctimas de un Estado racista que aplica una ley poco menos que contraria al derecho internacional.
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El fallo del caso Luchsinger Mackay impuso desde el punto de vista doctrinal la tesis de que para la justicia sí hay terrorismo en La Araucanía. Este es un avance que esperamos no tenga vuelta atrás, pues harto se bregó contra las máquinas políticas para que se estableciera esta verdad del porte de un buque.

Mientras esto pasaba en Temuco, en España la banda terrorista ETA anunció que se disolvía después de 50 años de guerra separatista y en medio del completo rechazo del pueblo español. Sólo un detalle: ETA pidió perdón, pero sólo a “las víctimas que no tenían participación directa en el conflicto”. Dígame usted si las víctimas valen más o valen menos según tengan que ver o no con un conflicto. Seguramente a Vivian y a Werner la ETA no les pediría perdón, porque —según esta lógica del “Este vive, este muere”— los Luchsinger Mackay serían “participantes directos” en el conflicto, o para ponernos serios, en este pseudo conflicto, que ha beneficiado todos estos años a los mismos vivarachos de siempre, a esos que han alimentado con ideas y recursos todo tipo de fechorías y para quienes la palabra “perdón” ni siquiera se les ha pasado por la cabeza.

Pero queda un dejo de impunidad. El mínimo sentido común dice que fueron más de tres los que cometieron este delito, que necesitó de organización, logística y de un buen número de encubridores, y de varios ideólogos también. Es obvio que las presiones internacionales hicieron lo suyo, mostrando a los imputados como pobres víctimas de un Estado racista que aplica una ley poco menos que contraria al derecho internacional. Y aquí el Instituto de Derechos Humanos se lleva un Oscar a la mejor actuación, cuando en un ataque de amnesia total dice desconocer “lo que se entiende por terrorismo”. Muy caras de palo.

Por eso, es clave el cambio indicado a la actual Ley Antiterrorista, que sanciona a quienes alaban y justifican el terrorismo, porque, digamos las cosas como son, ya estamos cansados de que quienes tiran la piedra salgan siempre libres de polvo y paja. Cuento aparte es lo que hay que hacer en materia de inteligencia, donde urgen mejoras, sobre todo en cuanto a interceptación de comunicaciones y uso de agentes encubiertos.

Ahora bien, la ETA pudo ser derrotada gracias a muchos esfuerzos legales, políticos y de seguridad, pero el más decisivo fue el rechazo al terrorismo de los propios españoles. Ojalá podamos decir lo mismo lo antes posible. Y si no han sido los políticos, entonces somos los gremios quienes debemos tomar el sartén por el mango.

Este fallo es un cable a tierra para mirarnos como región y sacar de él las mejores enseñanzas: que los terroristas deben ser aislados, incluidos los ideólogos que lucran con el conflicto; que sí se puede dar con los autores de un crimen tan cobarde como el de Werner y Vivian; y que, por lo mismo, queda en el aire una innecesaria sensación de impunidad, a sabiendas que debió hacerse algo más que jugar a la teoría del empate.

 

Marcelo Zirotti Kehr, presidente Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco A.G.

 

 

FOTO: ALFONSO DÍAZ SAN MARTÍN

 

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