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Publicado el 26 de abril, 2018

Soledad Alvear y la Democracia Cristiana

La degradación de la Democracia Cristiana parece un proceso irreversible. Ha perdido más de un millón de votos desde su época más exitosa y se ha mimetizado con la izquierda, pero por sobre todo ha perdido liderazgo.
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“Alvear es la persona más DC que conozco”, dijo el ex ministro del Interior Edmundo Pérez al enterarse de la renuncia de Soledad Alvear a la Democracia Cristiana. Y es que Alvear fue presidenta del Partido, senadora por Santiago, ministra del Sernam, ministra de Justicia, ministra de Relaciones Exteriores y precandidata presidencial representando al partido democratacristiano.

Ella desempeñó con brillo esas funciones. Heredera de la tradición de Eduardo Frei Montalva, Patricio Aylwin y otros que prestigiaron a ese partido y lo convirtieron, alguna vez, en el más importante de Chile. Una mujer inteligente, trabajadora y con un espíritu de servicio público difícil de igualar. Fue la primera ministra del Sernam, fue ministra de Justicia y desde allí impulsó la Reforma Procesal Penal que ha sido un paso adelante en la modernización de la justicia en nuestro país. Fue la primera mujer en dirigir la Cancillería chilena. En todas esas funciones destacó por su sobriedad, su aporte de ideas a la discusión pública y su vocación de entendimiento. Jamás fue una figura odiosa y logró concitar grandes acuerdos en beneficio del país, como fue la Reforma Procesal Penal.

Al anunciar su retiro de la DC, Soledad Alvear dijo que se iba con gran dolor y, entre otras razones, mencionó la pérdida de identidad del partido y de la camaradería y la amistad cívica. Como lo he venido sosteniendo en estas páginas desde hace más de dos años, la degradación de la Democracia Cristiana parece un proceso irreversible. Ha perdido más de un millón de votos desde su época más exitosa; se ha mimetizado con la izquierda hasta el punto que algunos de sus parlamentarios sostienen posiciones más a la izquierda que las del PS o el PPD en diversas materias; pero por sobre todo, ha perdido liderazgo.

No existen hoy en la DC figuras de la talla de Frei Montalva o Aylwin. El partido no tiene posición propia en materias económicas, no logra permear a sus aliados en los temas educacionales —a pesar de la imbricación de sus bases con la educación particular desde hace muchísimos años—, no se diferencia mayormente de la izquierda en cuestiones valóricas; en fin, pareciera haber perdido completamente su carácter humanista cristiano. Los esfuerzos de Soledad Alvear, de su esposo Gutenberg Martínez (también ex presidente del partido) y de Mariana Aylwin (quien dio una importante lucha interna en los temas educacionales y terminó también abandonando el partido), han sido todos estériles.

El partido no tiene posición propia en materias económicas, no logra permear a sus aliados en los temas educacionales, no se diferencia mayormente de la izquierda en cuestiones valóricas; en fin, pareciera haber perdido completamente su carácter humanista cristiano”.

Las razones de Soledad Alvear parecen ser de peso. No es la DC actualmente una plataforma política para seguir sirviendo a Chile desde el humanismo cristiano. ¿Quiere decir esto que ella, Mariana Aylwin y quienes la han acompañado en el movimiento “Progresismo con Progreso”, Gutenberg Martínez y tantos otros, dejarán la política?

La respuesta no es clara. Aunque ellos han manifestado la intención de continuar en política, la verdad es que eso está en entredicho. La política sin ideas conduce a la degradación que vive hoy la DC, pero la política sin cuadros y trabajo de terreno conduce a la irrelevancia. Si Alvear y el grupo que le es afín desean seguir en política tienen que articular alianzas. Hay, de partida, una afinidad natural con otros grupos de sensibilidad humanista cristiana, algunos de los cuales militan en Renovación Nacional. La hay, por cierto, con un centro laico y socialdemócrata representado por Andrés Velasco y Ciudadanos, y también con Evópoli.

Si quienes han dejado la Democracia Cristiana no se deciden en el corto plazo a conformar alianzas políticas con sus grupos afines, entonces de hecho, más allá de su voluntad, estarán fuera de la política. Y esas alianzas, necesariamente, tendrán que comprender, de alguna manera, un acuerdo con sectores de centroderecha y de gobierno.

Puede ser difícil para algunos cruzar el charco, pero de no hacerlo, tendrán que resignarse a seguir observando desde la tribuna cómo Sebastián Piñera continúa siendo el mayor receptor de votos democratacristianos en Chile.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO

 

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