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Publicado el 13 de mayo, 2015

SIMCE 2014: ¿Espaldarazo a las reformas del gobierno?

Gastar recursos en sustituir el copago que pagan las familias, entre otras medidas; no abordan las falencias que permitirán hacerse cargo de quienes más apoyo necesitan.
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La Agencia de Calidad de la Educación dio a conocer los resultados del Sistema de Medición de Calidad de la Educación (SIMCE) 2014, que mostraron un estancamiento de los puntajes promedio de Lectura y Matemáticas, y de las brechas por nivel socioeconómico. Y desde el gobierno salieron a celebrar. Así es, a celebrar que los estudiantes en Chile no experimentaron avances respecto a la medición anterior. Tal como ocurrió a fines del año pasado, cuando tanto a la Agencia como al gobierno pareció incomodarles la noticia sobre los resultados de la prueba Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE) 2013, que ubicó a Chile como el mejor sistema escolar de la región y además el que obtuvo los mayores avances. Y es que la persistente brecha socioeconómica, así como el supuesto hecho de que la diferencia entre los puntajes entre dependencias educativas se vuelve inexistente luego de controlar por nivel socioeconómico, fueron noticias que le permitieron a la subsecretaria y al secretario ejecutivo de la Agencia justificar la reforma educativa que el gobierno pretende sacar adelante.

Pero sus argumentos son cuestionables. Veamos por qué.

En primer lugar, si bien los resultados del SIMCE muestran un estancamiento de los resultados durante los dos últimos años, lo cierto es que desde 1999 (al menos para los 4tos. básico, que tienen información desde ese año), y especialmente en el período entre 2007 y 2012, habíamos venido observando mejoras sostenidas en los promedio nacionales. Así, si bien las mejoras que se venían dando parecieran haberse moderado, nos permiten constatar que las políticas que se aplicaron en el sistema educacional antes y durante esos años fueron exitosas en el sentido de producir cambios permanentes en el nivel de aprendizajes, gracias a las cuales hoy nuestros estudiantes se ubican en un nivel superior que los de hace 15 años. Creer que llevando a cabo reformas radicales se tendrán cambios instantáneos es bastante arriesgado.

En segundo lugar, en la presentación de la Agencia se mostraron los puntajes promedio por dependencia educativa, dando cuenta de la brecha que existe a favor del sector Particular Subvencionado por sobre el Municipal. A continuación, sin embargo, en lugar de mostrarnos tal como se ha hecho todos los años, los promedios por dependencia para cada nivel socioeconómico, se expusieron los resultados de un análisis que pretendía corregir esta brecha por las diferencias socioeconómicas. Sin embargo, se utilizó un modelo estadístico con demasiadas variables relacionadas con los docentes y directivos de los establecimientos, las que en lugar de corregir, terminaron por recoger parte de lo que caracteriza a cada tipo de escuela, y con ello se terminó por esconder el efecto que supuestamente se quería medir: la diferencia entre ambas dependencias educativas. Tal como era previsible debido a este errado análisis, la brecha entre el promedio Municipal y Particular Subvencionado se anuló, otorgándoles el argumento necesario para señalar que ambos sectores requieren la intervención del Estado por igual.

De esta forma, según ellos se justificaría por ejemplo, que el proyecto de carrera docente pretenda quitar parte de la gestión docente a las escuelas particulares subvencionadas para entregársela al Estado, o bien la ley ya aprobada que eliminará la posibilidad de que los sostenedores de estos colegios obtengan una ganancia que les permita recuperar su inversión.

Pero aun si el análisis anterior se hubiese hecho de forma correcta, la conclusión es apresurada. Y es que los resultados que indican que tanto en las pruebas SIMCE como en los otros indicadores de calidad educativa existe una brecha entre los niveles socioeconómicos altos y bajos, lo que sugieren es que debemos concentrar nuestros esfuerzos en quienes necesitan de mayor apoyo. Gastar recursos en sustituir el copago que hoy ya pagan las familias incluso en buenas escuelas, en crear una tómbola centralizada que sustituya los procesos de admisión, y otras medidas de ese tipo, no abordan las falencias reales que permitirán hacerse cargo de quienes más apoyo necesitan hoy.

Por el contrario, políticas que pongan en el centro al alumno; que reconozcan sus talentos y sus defectos y adapten los métodos de enseñanza a ellos; que evalúen y premien a sus profesores basándose en sus aprendizajes; que fomenten el desarrollo de nuevas y mejores prácticas educativas; que avancen hacia una mayor autonomía de las escuelas y entreguen al director las atribuciones necesarias para ajustar sus recursos a lo que requiere la escuela; y que contribuyan con la creación de un ambiente escolar apto para los aprendizajes, de manera que los profesores no tengan que perder un tercio de la clase poniendo orden. Iniciativas de ese tipo, y no reformas estructurales que lo que buscan es aumentar el rol del Estado; esas políticas necesitamos.

 

María Paz Arzola, investigadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

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