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Publicado el 09 de junio, 2018

Réquiem para un mártir

Consultor de empresas Jaime Jankelevich
El Cabo Óscar Galindo Saravia es un nuevo mártir de Carabineros. Cumpliendo con su deber, fue ultimado por un joven de apenas 17 años que en lugar de haber estado en el colegio, se enfrentaba a balazos con una banda rival. ¿Cómo hemos llegado a esto?
Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Cuando ocurren tragedias como la sucedida esta semana en La Pintana, es cuando me pregunto: ¿Qué se hizo tan mal, o qué se omitió de hacer bien, para tener que ser testigos hoy de un horrendo crimen a mansalva de un mártir de Carabineros, nada menos que en manos de un joven de 17 años? A su edad, ese joven debió haber estado estudiando en el colegio, en tercero medio, no en la calle con una subametralladora UZI, enfrentándose a balazos con miembros de una banda rival de narcotraficantes y enseguida, con toda impunidad, balear a un Carabinero a quemarropa y causarle la muerte.

El daño causado por este adolescente es irreparable. Le cortó la vida a un padre de familia, dejó a tres hijos huérfanos de padre y a una madre viuda, con toda la responsabilidad de sacar sola adelante a sus niños. Lo que debe hacernos reflexionar es ¿qué pasó con este joven? Si estaba cumpliendo condena de 541 días de libertad asistida por graves delitos anteriores, ¿cómo es posible que nadie se haya percatado que seguía delinquiendo, cada día en forma más violenta, y no se lo hayan impedido? ¿Dónde estaba la Justicia Penal Adolescente, que se supone debiera contenerlo y reinsertarlo a la sociedad? ¿Qué pasó con su familia?

Algo huele mal en Dinamarca. En La Pintana, donde ocurrió el crimen, las balaceras son diarias y no se les pone atajo. La gente sufre y vive prácticamente encerrada por temor a que una bala loca de las bandas narcotraficantes termine con sus vidas. ¿Habrá corrupción narco entrometida, impidiendo ponerle fin? ¿Se habrá investigado o se estará pensando si existe un problema de este tipo? Y lo de La Pintana no es único. La delincuencia ataca en todos lados, con un nivel de impunidad impresionante. Lo grave es que hoy llegan a matar ante la menor resistencia, no respetando nada ni a nadie.

Hubo señales políticas y judiciales muy permisivas, que, entre otras cosas, inhibieron la acción de Carabineros, protegiendo equivocadamente los derechos de delincuentes en lugar de proteger a quienes era agredidos por éstos.

¿Cómo se llegó a esto? Las causas son múltiples, aunque este espacio no permite analizarlas en su totalidad. Pero lo que sí cabe señalar es que hubo señales políticas y judiciales muy permisivas, que, entre otras cosas, inhibieron la acción de Carabineros, protegiendo equivocadamente los derechos de delincuentes en lugar de proteger a quienes era agredidos por éstos. El mejor ejemplo es que a Carabineros se le han lanzado más de 300 bombas molotov, con las cuales han quemado miembros de sus filas, y pregúntese: ¿hay alguien condenado por ello? Nadie. Baste recordar que la ley contra los encapuchados del Ministro Hinzpeter no tuvo piso político por parte de la oposición de entonces.

Son los mismos encapuchados que hoy siguen destrozando todo lo que encuentran a su paso en las marchas, causando daños por cientos de millones de pesos que deben reparar los municipios. ¿Hay alguno condenado? Ninguno. Los detienen, sí, pero acto seguido, los jueces exigen pruebas a Carabineros que son imposibles de obtener y a las 24 horas quedan libres. Y sólo para recordarlo, en 2015 se distribuyó un texto escolar del INDH en el que se acusó a Carabineros de realizar detenciones en las movilizaciones para “evitar la reunión libre de las personas”, lo que fue aceptado por la comisión de DD.HH. del parlamento. ¿Qué promovió dicho texto?

Miremos lo que sucede en la Araucanía. ¿Quiénes son los que más han sufrido condenas? Los carabineros, porque al combatir la violencia rural, se les acusa de uso desmedido de la fuerza. ¿Dónde están los incentivos para actuar, si les puede costar su salida de la institución al combatir a los violentistas, arriesgando de paso sus vidas? Los incentivos son para los que siguen quemando camiones, campos y casas, porque se saben impunes.

Nuestro contrato social parte con otorgarle a la Autoridad el monopolio de las armas y, por ende, es su deber brindarnos seguridad y protección. Actualmente nuestra parte se cumplió, pero el Estado está absolutamente al debe.

Sumándole a esto el desastroso estado de los recintos penitenciarios, donde ya no caben más reclusos, estamos enfrentados a un panorama delictual extraordinariamente complejo. Nuestro contrato social parte con otorgarle a la Autoridad el monopolio de las armas y, por ende, es su deber brindarnos seguridad y protección. Actualmente nuestra parte se cumplió, pero el Estado está absolutamente al debe.

Como dijo la cuñada del Cabo Oscar Galindo, “es hora que alguien debe salir a alzar la voz nuevamente y decir que ya basta”. Y tiene toda la razón. No podemos seguir esperando más. No puede ser que menores de edad circulen por las calles de una población, armados con armas de grueso calibre, provocando balaceras interminables que atentan contra la seguridad y calidad de vida de quienes tienen que soportarlos, dejando víctimas inocentes a su paso, con total impunidad. No puede ser que la delincuencia y el narcotráfico sigan penetrando nuestra sociedad y cada día nos sintamos menos seguros y rodeados de alarmas, cercos eléctricos, guardias, barreras, como si fuéramos nosotros los delincuentes.

Llegará un momento en que nadie ni nada podrá contener el grito mayoritario de la población que va a atreverse a salir para gritar a todo pulmón, ¡basta ya!

La mayoría silenciosa no sale a marchar a las calles y por eso no recibe la atención de los medios ni tampoco genera urgencias en la elite política. Pero de seguir aumentando la delincuencia así como vamos, sin ponerle atajo, llegará un momento en que nadie ni nada podrá contener el grito mayoritario de la población que va a atreverse a salir para gritar a todo pulmón, ¡basta ya!

El Cabo Oscar Galindo Saravia murió cumpliendo con su deber. Un nuevo mártir para Carabineros de Chile, un héroe para su familia, un ejemplo para el país. Para él, «Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis»: «Concédele el descanso eterno, Señor, y que brille para él la luz perpetua».

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

FOTO:RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

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