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Publicado el 22 de abril, 2018

¿Política “artificial”?

Periodista, Master en Comunicación Política y Corporativa Nicolás Ibieta
La sola idea de que en un futuro incierto los políticos sean reemplazados por robots ha encendido alarmas, cuando debiéramos esperar que los mismos vociferantes estuvieran preocupados no de robots ficticios, sino de los políticos de carne y hueso.
Nicolás Ibieta Periodista, Master en Comunicación Política y Corporativa
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Hace unos días el investigador chileno del MIT Media LAB, César Hidalgo, hizo arder las redes sociales y medios en Chile. En una entrevista, el científico explicó su trabajo más reciente con su equipo del MIT, en el que intentan articular una “Democracia Artificial” en la que la participación de las personas en las decisiones políticas ya no sería a través de representantes de carne y hueso, sino a través de instrumentos que con el uso de Inteligencia Artificial, serían capaces de representar nuestros intereses y votos, de manera directa.

Por supuesto, no se hicieron esperar las voces de alarma y críticas, en particular entre los grupos más cercanos a la deliberación pública y la política, y entre quienes hay mucha actividad tuitera y en otras redes sociales. La crítica general es que es una locura pensar en un sistema que no cuente con seres de carne y hueso, los políticos, quienes son los llamados a representar los intereses de la ciudadanía a través de su trabajo y, básicamente, a través de la estructura democrática con la que hoy ya contamos.

Llama la atención el nivel de amenaza que trasuntan los comentarios de quienes han opinado negativamente respecto al trabajo de investigación de Hidalgo y su equipo. Incluso más cuando hace algunas semanas salió un estudio del Pew Research Center que ponía a Chile como el país en el que se da más oposición a la democracia como sistema representativo y, específicamente, a raíz de la desafección con los partidos políticos. En detalle, el estudio evaluó el porcentaje de militantes en partidos políticos por país y, luego, la correlación de este indicador con la oposición a la democracia como sistema representativo. Chile aparece como el de mayor porcentaje, o sea, el peor de la lista. Tras la publicación del Pew Research Center no ardieron ni Troya, ni Twitter, ni las cartas al director…

Llama la atención el nivel de amenaza que trasuntan los comentarios de quienes han opinado negativamente respecto al trabajo de investigación de Hidalgo y su equipo”.

Los datos son realmente preocupantes, toda vez que dan cuenta de que nuestro país está alejándose peligrosamente de la legitimidad del sistema político y la democracia, y en parte esto se debe a que los partidos políticos ya no son referentes para ello y, en correlación, los chilenos ven cada vez menos a la democracia como sistema válido para la organización de la sociedad.

Esta sí debiera ser una preocupación urgente y que incluso podría ser parte de los grandes acuerdos a los que está llamando el nuevo gobierno. Sin embargo, la sola idea de que en un futuro -incierto, por lo demás- los políticos sean reemplazados por robots ha encendido alarmas, cuando debiéramos esperar que los mismos vociferantes estuvieran preocupados no de robots ficticios, sino de los políticos de carne y hueso que actualmente articulan nuestro sistema de representación y que, por lo que revela el Pew, no están cumpliendo con el cometido.

Que se llegue a constituir una “democracia artificial” debiera ser una preocupación secundaria a la urgente tarea de recuperar la valoración por la política, para que ésta deje de ser una rama artificial de nuestra democracia, como parece ser valorada hoy.

 

Nicolás Ibieta Illanes, periodista Universidad Diego Portales, master en Comunicación Política y Corporativa (U. de Navarra), magíster (c) en Gestión de Gobierno (U. Autónoma)

 

 

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