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Publicado el 15 de diciembre, 2017

Perdón, señor Guillier

Si le va mal este domingo, ninguno de los suyos le contará la firme: que un grupo de dirigentes, muy democráticos, decidió saltarse las tan promovidas primarias porque vieron en usted una posibilidad de seguir aferrados al poder.
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Este domingo, a eso de las 19 horas, usted, señor Guillier quizás vaya a lucir una mueca de terrible decepción.

Si pierde, lo van a llamar algunos amigos para felicitarlo por el “tremendo resultado”, y recibirá algunas frases tan originales como que “lo importante es competir” y que su sacrificio “será valorado por generaciones”. Otros le dirán que los chilenos no tenemos la cultura suficiente para entender las bondades de un gobierno socialista. Que sólo nos interesa nuestro futuro económico y bien poco el construir un país mas justo.

Si le va mal, ninguno de los suyos le contará la firme: que un grupo de dirigentes, muy democráticos, decidió saltarse las tan promovidas primarias porque vieron en usted una posibilidad cierta de seguir aferrados al poder. Y a la vez de continuar avanzando en la refundación de un país que aún la mayoría no hemos sido capaces de valorar.

Tampoco le van a aclarar que la tremenda votación del Frente Amplio no significaba que la mayoría del país estaba por acelerar los cambios que promueve la izquierda. Que esos votos probablemente se debieron más a la empatía de Beatriz Sánchez que a la adhesión ideológica a un grupo de jóvenes que tienen muy claros sus “no”, pero ignoran absolutamente como concretar sus “sí”.

Pero no vaya a sufrir, señor Guillier, algún día va a entender que haber perdido esta elección es lo mejor que le habrá sucedido en su vida política. Piense quién habría sido el culpable por el eventual fracaso de su gobierno. A quién hubieran ninguneado algunos díscolos de su poco disciplinada coalición, agravada ahora por los compromisos imposibles con Jackson y Cía. Ilimitada, y herida por una Democracia Cristiana al borde del colapso.

No hubieran faltado calificativos tan amables como que “el Presidente Guillier resulta que no tenía experiencia ni para dirigir un club de segunda división”. Que “parece que era más fácil ser un rostro de la TV que cuenta bien lo que sucede que ser un Presidente que gobierna para que suceda el bien”.

Perdón, señor Guillier, le encontraré toda la razón si es que no le gusta nada esta columna. Pero si llega a perder pasado mañana no sufra demasiado. Seguramente será lo mejor que le ha sucedido en su fulgurante carrera política.

 

Martín Subercaseaux

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

 

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