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Publicado el 04 de junio, 2018

Nacionalismos y populismos, los desafíos de España

Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Exteriores, ex Subdirector de la ANEPE Jaime Abedrapo
Las democracias liberales están en tela de juicio y con razón; sin embargo, el populismo y los nacionalismos excluyentes auguran resultados aún peores.
Jaime Abedrapo Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Exteriores, ex Subdirector de la ANEPE
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Ha sido desalojado Rajoy desde la Moncloa como nunca lo había sido un gobierno en España. Las razones de ello son múltiples, pero la mayor atención la debemos tener en el descrédito al régimen democrático liberal. En efecto, pareciera que dicho sistema se ha relacionado o se le ve como la causa eficiente de la corrupción, la desigualdad y el abuso en contra de los ciudadanos.

Ciertamente la moción de censura que consiguió la destitución provino con posterioridad a un fallo en el cual se develó la descomposición del Partido Popular (PP). Ello en momentos en que su líder se encontraba agotado. Mariano Rajoy había sorteado varias crisis de gobierno, y esta vez no volvería hacerlo. Sin embargo, la crisis no se circunscribe únicamente al partido que estaba en el gobierno (PP), sino que pareciera ser sistémica.

El socialista Pedro Sánchez–Castejón asume la conducción de España sin el respaldo (en los sondeos) ni los votos ciudadanos para ello. Llegó por secretaría y sus principales desafíos son los nacionalismos y populismos que azotan Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Hay una decepción a lo que se percibe como la “traición” de las democracias liberales, a la cuales se ve desde una ciudadanía empoderada como un régimen que garantiza el beneficio de unos pocos versus el de muchos.

¿Por qué parece desmoronarse la aceptación de la democracia liberal y en su reemplazo aparece el resurgimiento de nacionalismos excluyentes y populismos que abandonan el respeto a la institucionalidad y a la noción de República? La respuesta de alguna manera está en la búsqueda de salidas, por parte de nuevas mayorías, a la concentración del poder político y económico y a la homogeneidad que se percibe conllevan las fuerzas que empujan la globalización. Hay una decepción a lo que se percibe como la “traición” de las democracias liberales, a la cuales se ve desde una ciudadanía empoderada como un régimen que garantiza el beneficio de unos pocos versus el de muchos. Ello básicamente porque invita a la concentración del patrimonio, tras la garantías que ofrece al dueño del capital a través de una seguridad jurídica, cuestión que iría en desmedro de los derechos de los ciudadanos de a pie, quienes aspiran a garantizar derechos sociales, para lo cual están dispuestos a escuchar y dar el voto a quienes se comprometan con ellos aquí y ahora. Este es el incentivo perfecto para la resurrección del populismo, que tras “ofertones”, no pago de deudas y protección de derechos de primera, segunda y tercera generación, invitan a respuestas de corto plazo sin responsabilidad, ni menos sostenibilidad.

Los nacionalistas y populistas avanzan en las urnas, hay que ver los casos de Estados Unidos con America First, la Venezuela de Maduro, Italia con el Movimiento 5 Estrellas y la Liga, Reino Unido y el Brexit, entre tantos otros ejemplos. España está amenazada también. El anhelo a una identidad ha sido fundamental para canalizar el descontento frente a la corrupción y la concentración del poder, que como hemos señalado, se asocia a la democracia liberal.

Sólo un juicio consciente de los ciudadanos españoles conseguirá dar una oportunidad al gobierno de Pedro Sánchez.

Identificarse con corrientes de pensamientos o grupos humanos es parte de nuestra humanidad, tiene relación con que el hombre tiene libertad. Sin embargo, en cuanto tiene libertad es responsable. Por ello, sólo un juicio consciente de los ciudadanos españoles conseguirá dar una oportunidad al gobierno de Pedro Sánchez, ya que cuando se antepone a los intereses y deseos personales el de la comunidad, recién se otorgan las condiciones primarias que permiten un buen gobierno.

Por último, parece muy evidente que las democracias liberales están en tela de juicio y con razón; sin embargo, el populismo y los nacionalismos excluyentes auguran resultados aún peores. Esperemos que las nuevas autoridades en España, contra todo pronóstico, sean capaces de brindar la estabilidad que el país requiere para su prosperidad y tranquilidad.

Jaime Abedrapo, doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales

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