Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 08 de diciembre, 2017

La política sexy, ¿existe?

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt
¿Cómo pueden la derecha o la izquierda chilena tradicional atraer hacia su redil a estos nuevos electores híbridos, poco leales, más exigentes, nada misericordiosos y, a la vez, más sexy que los candidatos?
Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Cuando se habla sobre política, la mayoría de las veces (si es que no todas), además de prejuzgar se tiende a caricaturizar;  y siendo francos, quienes tienen la imagen más deslucida son los “de derecha”, ya que se les achaca que son como un bloque homogéneo, simplemente “la derecha”. Como un todo, sin matices. Y cuyos adherentes se supone que viven desprendidos de la realidad, además de poseer poca imaginación (un reconocido columnista liberal los acaba de describir como “autistas”).

Junto con todo lo anterior, se cree que ésta (“la derecha”) sería más bien acartonada, aunque sí muy bien preparada y con un alto nivel de conocimiento técnico, pero con una comprensión de la realidad que no iría más allá de sus estudios sobre economía.  En resumidas cuentas, la manera de hacer política de “la derecha” sería bien poco sexy.  ¿Es tan así?   

Una apreciación muy distinta, y bastante más favorable socialmente, es la que reciben quienes se sienten ideológicamente a gusto en la izquierda. Ahí sí se preconcibe la idea de que “la izquierda” no es como un bloque macizo, porque en ella sí habría mayor heterogeneidad y, por ende, un mayor grado de sex appeal. Sobre todo cuando se trata del “izquierdista-intelectual-liberal”, ése que lleva un hilo rojo atado a la muñeca, sabe quién fue Kavafis y puede recitar varios de sus poemas, se empeña en que su hogar reduzca más huellas de CO2 que el promedio de las viviendas en Alemania y asevera que sus hijos jamás conocerán Disney.

Todos sabemos que en la vida real “la derecha” no es tan desapegada u homogénea, ni “la izquierda” tan cool; y así fue cómo se comprobó en la primera vuelta presidencial por el tipo de elector que apareció. Una persona lo suficientemente interesada en política como para ir a votar, pero que se siente huérfana de representantes; que además es transversal y que, a su antojo, tomó prestados los ingredientes que le parecieron más atractivos de cada corriente, borrando la fisura derecha e izquierda, y que hoy pone en aprietos a ambas candidaturas, debido a que siente que las dos están supeditadas a lenguajes, códigos y estructuras que comienzan a estar en extinción (o sea, cada vez menos sexy).

La elección de noviembre fue interesante porque despejó un nuevo escenario para entender los cambios en política.  En esta oportunidad, voto voluntario de por medio, lo que se logró atraer, en su mayoría, fue a un chileno dispuesto a elegir algo diferente a los menús anteriores; los cuales, según su percepción, eran clásicos, desabridos y con pocos platos fuertes. Hoy, en cambio, apareció el elector vegano que maneja su auto eléctrico, pero que también acude devotamente a misa todos los domingos y que empatiza con su amigo sociólogo que no salió a marchar en 2011, pero cree en la educación gratuita, siendo que, a la vez, es un devoto feligrés del capitalismo.

¿Cómo pueden la derecha o la izquierda chilena tradicional atraer hacia su redil a estos nuevos electores híbridos, poco leales, más exigentes, nada misericordiosos y, a la vez, más sexy que los candidatos?

Tras una primeva vuelta que dejó sólo al Frente Amplio satisfecho y confiado de que podrá seguir por el mismo camino que impulsó, para Sebastián Piñera y Alejandro Guillier la ruta, más allá de las elecciones, no se ve tan despejada. Los más escépticos dicen que “la derecha” de hoy sólo sabe de economía y que se opone a todo cambio social, pero el país puede dar fe de que no es así, ya que el secto sí ha reconocido las necesidades de la sociedad, ha sabido adaptar sus políticas a los cambios, ha entregado respuestas pragmáticas frente a los problemas sociales y, por último (lo que se agradece muchísimo), su discurso es en tiempo futuro, no pasado.

Comparto que hay un segmento de la derecha (fenómeno replicable en la izquierda) que pronto o temprano deberá sacudir su plumaje si no quiere terminar como una reliquia; que es muy respetado, pero que acaba acumulando polvo en un desván. Sin embargo, a pesar de que de lejos la derecha no aparenta ser muy sexy, las consecuencias de sus políticas sí lo son. Y para el desarrollo de las personas eso es lo que importa.

 

Paula Schmidt, periodista e historiadora

@LaPolaSchmidt

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

 

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más