Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 27 de junio, 2018

La basura necesita más política

Director Ejecutivo Instituto Res Publica Jorge Acosta
Tal como sucedió en Europa, se requiere de voluntad y decisión para que se tomen las medidas necesarias y se introduzcan los incentivos correctos que permitan hacer realidad un tratamiento moderno de nuestros residuos.
Jorge Acosta Director Ejecutivo Instituto Res Publica
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

A muchos les llamó la atención una de las frases del Presidente Sebastián Piñera en su discurso a la nación del 1 de junio, cuando aseveró que se debían poner las prioridades de la gente en el corazón de las prioridades del Gobierno. En el último tiempo las urgencias sociales se fueron quedando rezagadas entre tanta agenda boutique centrada en discusiones sobre procesos constituyentes, reformas tributarias y quitadas de patines. Una de esas tareas tan apremiantes como olvidadas -que lamentablemente resurge cuando hay crisis sanitarias o cuando una comunidad completa se revela- es el cavernario manejo de la basura que tenemos en nuestro país.

La ecuación es sencilla: básicamente se produce todo tipo de desechos de forma indiscriminada, se reciclan cantidades marginales y, finalmente, la gran mayoría de nuestros residuos terminan apilados en un gran agujero que llamamos “relleno sanitario”, porque es más sofisticado que decirle vertedero.

No es necesario ser un “eco-talibán” para darse cuenta que la situación es grave. Al menos por tres razones.

La primera es de justicia. Todo ciudadano informado debiese conocer la situación que vive la comuna de Til Til. Esta se transformó en polémica hace casi un año, cuando se supo que el entonces Comité de Ministros había aprobado la instalación de un nuevo recinto receptor de desechos en esa localidad. De esta manera, se seguía engrosando la lista de más de 30 otros basurales y fuentes de contaminación ubicados en el mismo municipio del norte de la Región Metropolitana.

La política debe estar al servicio de las personas y a la altura de resolver con respuestas del siglo XXI a los problemas que los aquejan, antes que usar las mismas técnicas que se implementan desde el medioevo.

La segunda es por seguridad. Hay varios ejemplos en este caso, pero uno de los más emblemáticos es el incendio del relleno sanitario Santa Marta, ubicado en la comuna de Talagante y muy cercano a San Bernardo. Una nube de humo tóxica cubrió por varios días a la capital a mediados de enero de 2016. Aunque el Intendente de ese entonces trataba de explicar que las partículas emanadas de la quema de la basura no provocaban daño alguno, varios habitantes de las zonas aledañas debieron ser atendidos en centros asistenciales y prácticamente toda la ciudad sufrió con el nauseabundo hedor por casi una semana.

La última es social. Si es cierto que se anhela que nuestra sociedad sea desarrollada, es prioritario observar lo que están haciendo aquellos países más avanzados en este tema y así aprender de su experiencia. Muchos han demostrado que la rentabilidad económica y medioambiental de un manejo racional de los residuos es la vía más sostenible para hacer frente a los problemas de justicia, seguridad y sociales relacionados con la basura.

Es aquí donde surge la necesidad de que la política esté al servicio de las personas y a la altura de resolver con respuestas del siglo XXI a los problemas que los aquejan, antes que usar las mismas técnicas que se implementan desde el medioevo. Uno de los países más adelantados en el manejo de sus residuos es Alemania. Según estadísticas europeas (Eurostat, MSV 2008), recicla el 65% del total de sus desechos producidos. ¿Qué hace con el restante 35%, si no lo recicla? Para sorpresa de muchos, en vez de enterrarlos o depositarlos en un relleno sanitario, los alemanes incineran aquella basura que no son capaces de reciclar. Tal como lo lee.

Gracias a la tecnología de sus “Plantas de Termovalorización” logran producir gas natural, electricidad y calefacción. Filtran los gases tóxicos, por lo que liberan cantidades ínfimas a la atmósfera. También reducen el peso y el volumen de los residuos en un 75% y 80% respectivamente. Así las cosas, el tratamiento térmico de la basura produce valor y al mismo tiempo transforma un abundante material tóxico en uno de significativa menor envergadura, más fácil de manejar y que incluso puede ser utilizado para construir carreteras o paneles aislantes de ruido.

Es de esperar que la experiencia de varias décadas que tienen países como Alemania, pueda ser prontamente recogida por nuestro país para que así evitemos nuevos desastres ambientales como el de Til Til o Santa Marta y, por sobre todo, para que podamos prosperar en nuestro camino al desarrollo no sólo alcanzando un determinado PIB per cápita, sino también mejorando nuestra calidad de vida y el cuidado del medio ambiente.

Y como esto no se produce por generación espontánea, la basura necesita más política. Tal como sucedió en Europa, se requiere de voluntad y decisión para que se tomen las medidas necesarias y se introduzcan los incentivos correctos que permitan hacer realidad un tratamiento moderno de nuestros residuos.

Jorge Acosta, Director Ejecutivo Instituto Res Publica

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO.

También te puede interesar: