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Publicado el 06 de junio, 2018

Kim Jong-Un y los efectos de la presión económica

Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados Rodolfo Vilches
El cambio de actitud del líder de Corea del Norte es resultado de una evidente presión económica y comercial a través de sanciones multilaterales cada vez más asfixiantes para la continuidad del régimen.
Rodolfo Vilches Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados
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Hace algunas semanas el mundo admiró con sorpresa y esperanza la cordialidad con la que se reunieron los líderes de Corea del Norte, Kim Jong-Un, y de Corea del Sur, Moon Jae-In, en el afán de acercar posiciones y así enfriar el tenso y cuasi belicista clima que se había configurado en los últimos años entre ambos países, alentado por las repetidas pruebas de misiles nucleares por parte del régimen comunista norcoreano. El primer paso en esta distensión lo dio Kim Jong-Un cuando anunció la suspensión indefinida de los ensayos nucleares en su país y el cierre del principal sitio de pruebas atómicas; una clara señal de un cambio de actitud frente a su vecino del sur, de cara a la esperada cumbre presidencial inter-coreana del pasado 27 de abril.

Pero el desarrollo de los acontecimientos en la península coreana no sólo importa a las dos Coreas. Estados Unidos, China, Rusia y Japón son actores que históricamente han tenido un rol e influencia en este conflicto y en sus líderes, lo que ha terminado por marcar el tono de esta relación. Teniendo esto en mente, cabe preguntarse, ¿qué fue lo que hizo cambiar de actitud al hasta hace poco amenazante y virulento líder norcoreano?

El cambio de actitud de Kin Jong-Un es resultado de una evidente presión económica y comercial a través de sanciones multilaterales cada vez más asfixiantes para la continuidad del régimen. Las limitaciones a las importaciones de carbón, cobre y petróleo, sumadas a la prohibición de las exportaciones de textiles y a negocios con entidades extranjeras, que significan una mayor dificultad en la vida cotidiana de los norcoreanos, terminaron por ahogar a la ya pobre y atrasada economía del país asiático, cambiando una actitud agresiva hacia una más conciliadora con la comunidad internacional. En tal sentido, es claro que el líder supremo de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) no permitiría que la aplicación de las sanciones mutara hacia una crítica interna a su mandato. La vulnerable posición económica y comercial de Corea del Norte la obligó a poner sobre la mesa el objetivo fundamental para los EE.UU.: desnuclearizar la península. Fue entonces que se fraguó el todavía incierto encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-Un, para el 12 de junio en Singapur. La estrategia es simple: de lograr el acuerdo, surge la promesa de asegurar a Kim su permanencia en el poder, además de la eliminación de las sanciones y la llegada de ayuda financiera para su desarrollo productivo e industrial. Pero de no alcanzar dicho acuerdo, el anuncio de atisbos de un término similar al régimen de Muamar El Gadafi.

Aún quedan suficientes días para que acontezcan situaciones que hagan cambiar el contexto con el que lleguen los líderes a la ya hipotética cumbre de Singapur. Incluso pensando que ésta se logre realizar, el resultado de las conversaciones entre Trump y Kim no está asegurado, las personalidades volátiles y cambiantes de ambos líderes pueden estropear cualquier negociación. Sin embargo, el sólo hecho de que el régimen de Corea del Norte haya moderado su discurso, se haya acercado a su vecino del sur y busque cambiar su imagen frente a la comunidad internacional es un avance y un logro que se debe agradecer a la actitud decidida y en bloque de sancionar eficazmente a un régimen que con sus ejercicios nucleares ponga en peligro la convivencia mundial.

Rodolfo Vilches, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados, ex negociador de la DIRECON

 

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