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Publicado el 20 de diciembre, 2016

Frente Amplio y disputa hegemónica en la izquierda

El giro a la izquierda de la Nueva Mayoría y su Gobierno alimentó el surgimiento de grupos críticos que aspiran a sustituir, no a reformar, el modelo de desarrollo.
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No es la primera vez que la izquierda extra Concertación busca construir un referente alternativo, por ejemplo, ya lo hizo el propio Partido Comunista en la coalición Juntos Podemos hace varios años. El sueño de una convergencia de las fuerzas de izquierda ha sido tan recurrente como poco exitoso en el pasado reciente, entonces, ¿qué de nuevo se puede esperar de la iniciativa de un Frente Amplio promovida por los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric?

La vertiente socialdemócrata de la izquierda chilena pasa por un mal momento. No solo su presencia es minoritaria en el Congreso, sino que además su influencia en el Poder Ejecutivo es escasa. Se ha visto obligada a renegar de sus logros durante los gobiernos de la Concertación y la transición que lleva su firma es un proyecto cuestionado y deslegitimado por quienes constituyen su electorado natural. En parte, este escenario es el que tiene contra las cuerdas al candidato Ricardo Lagos, y no mucho mejor a su eterno compañero José Miguel Insulza.

El desgaste natural de sus liderazgos y la falta de renovación le están pasando la cuenta a esta facción de la izquierda chilena que se renovó en los ochenta mirando los ejemplos de las socialdemocracias europeas, las cuales se trasformaron en sus referentes políticos y culturales. El sociólogo Antony Giddens y su libro “La Tercera Vía” inspiraron a Tony Blair y al propio Ricardo Lagos en sus gobiernos, para dotarlos de un relato frente al fracaso de los socialismos reales. El llamado a caminar por un reformismo más centrista y pragmático identificó, sin duda, a sus respectivos mandatos.

Pero al mismo tiempo se fue incubando en otros militantes de izquierda la idea de que la desmovilización social de los noventa y ese excesivo pragmatismo hacían en la práctica imposible para ellos seguir llamando socialista, y mucho menos de izquierda, a la Concertación y su proyecto. Este discurso crítico fue transitando desde las universidades y las organizaciones estudiantiles hacia diversas organizaciones sociales, articulándose bajo distintas denominaciones. Finalmente, este mundo de izquierda cuyo referente es el foro de Sao Paulo y que durante mucho tiempo había sido marginalizado por la propia Concertación, encontró su oportunidad en la derrota electoral de 2009, que puso en cuestión el proyecto político de la izquierda chilena y que terminó matando a la Concertación, reemplazándola por la Nueva Mayoría.

Pero el giro a la izquierda de la Nueva Mayoría y su Gobierno solo alimentó el surgimiento de grupos críticos que consideran insuficientes los cambios de la etapa anterior, y que aspiran realmente a sustituir, no a reformar, el actual modelo de desarrollo de Chile. Es en este cuadro de disputa por la hegemonía ideológica y política de la izquierda donde los diputados Boric y Jackson aspiran a liderar un Frente Amplio de Izquierda, que tenga un programa y un candidato presidencial, además por supuesto de una lista parlamentaria que confronte y desplace a la Nueva Mayoría.

Que esta pretensión de reemplazo de la hegemonía se cumpla a cabalidad a propósito de la próxima elección presidencial y parlamentaria de 2017 escapa a la realidad y a la capacidad de este grupo. Pero de obtener éxitos parlamentarios y una bancada de unos 10 diputados, sus miembros pueden terminar de configurar un polo de atracción hacia otros partidos y empezar así a inclinar a su favor la cancha hacia el futuro.

Chile Vamos hasta ahora ha mirado con pasividad el crecimiento y articulación de esta nueva izquierda, creyendo que puede cimentar su éxito solo a partir de los errores de la Nueva Mayoría y sin entender que el fracaso de este Gobierno y sus reformas va a abrir un debate de fondo. Incluso si la centroderecha gana la próxima elección presidencial, debe estar preparada para enfrentar a una oposición de izquierda mucho más dura, con un lenguaje y referentes distintos a los que el sector había exhibido los últimos 30 años.

 

Gonzalo Müller, profesor Centro de Políticas Públicas UDD 

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

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