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Publicado el 11 de marzo, 2018

Espíritu animal, el retorno

Está claro que el ánimo de empresarios y consumidores está mejorando. Pero en la memoria de estos actores permanece la inquietud de otro gobierno populista como el que ahora llega a su fin.
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Comienza el segundo gobierno de Sebastián Piñera. La pregunta que ronda en el ambiente es si lo que sigue será también reiteración de la primera versión de su administración. Esto es, ¿partiremos como caballo de carrera y tendremos llegada de burro? La respuesta es crucial, pues en la actualidad la relación entre política y economía es importante, ya que no son eventos independientes. Es clave que tanto la política como la economía sean percibidas por empresarios y consumidores como mutuamente beneficiosas, y es lo que se conoce como espíritu animal.

Está claro que el ánimo de empresarios y consumidores está mejorando, tanto por el vuelco político como por la re-aceleración de la economía global.  Sin embargo, en la memoria de estos actores permanece, como nunca desde el retorno a la democracia, la inquietud de otro gobierno populista como el que ahora llega a su fin, que es también la contracara del espíritu animal. Hasta antes de Bachelet II, la variable política era poco significativa en la toma de decisiones de inversión o consumo. Hoy, con el paupérrimo historial de la Nueva Mayoría y el casi disparate que ofrece el Frente Amplio en materia de perspectivas, tenemos un memorándum vivo de que las cosas pueden hacerse mal y que los resultados podrían hacer recular el progreso y bienestar que Chile se ha ganado.

Según el FMI, en 1985 el ingreso per cápita de Chile a poder de paridad de compra alcanzaba los US$ 1.420, por debajo de Venezuela (US$ 3.470), Argentina (US$ 3.150), México (US$ 2.710), Ecuador (US$ 2.040), Brasil (US$ 1.760) y Colombia (US$ 1.590). En la actualidad, esto es a 2017, el mismo indicador tiene a Chile como el de mayor ingreso, con US$ 14.310. Entonces, cabe preguntarse qué hizo el país para llegar a ser el primero de la lista. El sistema político y económico permitió que el espíritu animal se desatara para beneficio de empresarios y consumidores.

El problema actual es que la oferta de partidos más radicales de izquierda, que tienen un porcentaje apreciable del electorado, es seguir los pasos de Venezuela o Argentina, y ese riesgo, que hasta antes de la Nueva Mayoría era irrelevante, hoy está latente y afecta e inhibe el espíritu animal. Este espíritu quiere y anhela la clase de políticas públicas que en el transcurso de poco más de 30 años hicieron que un país como Chile aumentara en diez veces su ingreso per cápita, y no aquellas tipo Venezuela, que alcanzaron para que dicho indicador se multiplicara sólo por dos, en el mismo período. Visto desde otra perspectiva, qué hizo Chile y qué Ecuador, que en 1985 eran economías muy parecidas, como para que con los mismos recursos la primera terminara en 2017 casi con el triple de ingreso per cápita.

Por lo tanto, devolver el espíritu animal al lugar que tuvo en el pasado requiere de un manejo económico y político de gran precisión y destreza. En lo económico, salvo una crisis externa, no pareciera haber impedimentos dada la capacidad del equipo económico.  Sin embargo, si el segundo gobierno de Piñera es malo en lo político, entonces las probabilidades de que uno populista gane las presidenciales del 2022 incrementarían, y eso es un obstáculo importante en las expectativas de consumidores y empresarios. Creer que el Frente Amplio, el PC, u otros, van a colaborar en lo anterior es una ilusión pueril, tan descabellada como el tren bala desde Arica a Puerto Montt.

En definitiva, si de verdad Piñera II quiere que el espíritu animal nos retorne a una senda similar a la observada en las últimas décadas, debe no sólo traspasarle el mando a un candidato oficialista, hacer crecer la economía a un promedio de 4% anual y mejorar el nivel efectivo en la calidad de vida de sus ciudadanos, sino que, como conglomerado político debe ser capaz de crear un relato cuyo corolario sea más atractivo que el sueño febril de los apóstoles del nirvana igualitario, uno en que los votantes comprendan que alimentar al Estado engorda a quienes están cerca de él y que la exacción como política para aunar recursos, acaba cuando quienes generan la riqueza son despojados de ésta, y de ahí en adelante sólo se reparte miseria.

 

Manuel Bengolea, estadístico PUC y MBA de Columbia

 

 

FOTO: ALEJANDRO ZOÑEZ/AGENCIA UNO

 

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