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Publicado el 06 de junio, 2018

Enredos de teleprompter

Periodista, Master en Comunicación Política y Corporativa Nicolás Ibieta
El presidente debería haberse dirigido directo a cámara; hablarle directo a los chilenos de lo que él pretende construir y conseguir durante su mandato, que fue exactamente lo que hizo el discurso, pero no la puesta en escena.
Nicolás Ibieta Periodista, Master en Comunicación Política y Corporativa
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Gobernar es un complejo ejercicio de poder en el que hay que balancear el programa político propio con la administración del Estado. Que sea complejo no lo hace imposible, pero es evidente que nunca dejará contentos a todos. La Cuenta Pública presidencial, y en particular la primera del ejercicio, es un espacio privilegiado del que dispone el gobierno para presentar su proyecto y, por tanto, debiera ser cuidado tanto en forma como en fondo, con la máxima precisión.

El discurso del Presidente Piñera en la pasada Cuenta Pública parece haber cumplido. El Presidente asumió el desafío político y, por lo mismo, no evitó las críticas al gobierno anterior (¿alguien esperaba algo distinto?), a la vez que buscó convocar acuerdos que estén por sobre las diferencias políticas, en consistencia con la narrativa que venía ya desde la campaña y que ha buscado instalar en el debate político desde su asunción. El alcalde de Valparaíso y representante del Frente Amplio, Jorge Sharp, afirmó, a propósito del discurso, que “pone al debate político en un lugar distinto del que está acostumbrada hoy la política en Chile”. Ciertamente un punto a favor del Mandatario.

Pero la Cuenta Pública más que un texto es un discurso, una declamación y, además, televisada. La mayoría de los ciudadanos la sigue ya sea viéndola en vivo y en directo por TV, y luego en los espacios de noticias en TV, más que en el diario o columnas digitales. Por lo mismo, lo que me pareció un error garrafal fue la puesta en escena. Claramente lo que se buscó fue replicar una estética como la de los discursos de Obama en sus mítines de campaña. Error-horror, porque fue un diseño equivocado y porque fue mal ejecutado. Desde el inicio se notó al Presidente incómodo con el formato, leyendo sin fluidez. Incluso él mismo le puso luz a este error con la broma de que “para avanzar, y que avance también el teleprompter”.

El error es que el público presente de este evento son los ministros, políticos y cercanos al presidente, y eso el público que lo sigue por TV, lo sabe. Entonces, el efecto es de distancia, “no me habla a mí”.

Estratégicamente es un error intentar replicar un formato de campaña -y de Estados Unidos- para la Cuenta Pública de un presidente en ejercicio y de Chile. Pero el formato yerra especialmente en que el público prioritario es el que está tras las cámaras de la transmisión. El “formato Obama” pone el énfasis en el público asistente al mitín porque ellos SON los votantes. En la transmisión ellos representan directamente a quienes lo están siguiendo por televisión, por lo que el objetivo se consigue si el candidato se dirige al público asistente al evento. Para eso se disponen los teleprompter en los costados y un poco bajo la línea visual, tal como lo estuvieron ahora para el discurso de Piñera. El error es que el público presente de este evento son los ministros, políticos y cercanos al presidente, y eso el público que lo sigue por TV, lo sabe. Entonces, el efecto es de distancia, “no me habla a mí”, por lo que el contenido se aleja y más aún en un discurso muy largo y denso. Por lo demás, este diseño de puesta en escena no se condice con los contenidos y la oportunidad.

Como es la primera Cuenta Pública del mandato, más que una rendición es una visión. Por lo mismo, debe tener al centro de las ideas y el montaje a los ciudadanos. El presidente debería haberse dirigido directo a cámara; hablarle directo a los chilenos de lo que él pretende construir y conseguir durante su mandato, que fue exactamente lo que hizo el discurso, pero no la puesta en escena. Pienso que el impacto directo de la Cuenta Pública en la ciudadanía, especialmente de la primera, está dado por la transmisión de televisión y el gobierno se farreó una tremenda oportunidad de dar a un buen discurso, un gran impacto.

Es de esperar que el gobierno busque cómo replicar los contenidos del discurso para que llegue de mejor forma a esa mayoría de personas que no estaban en el Congreso, que no leerán con mucho detalle los diarios y que no deben haber seguido entusiastas la transmisión. Se ha visto un buen despliegue en los días posteriores, de ministros y el propio presidente, que quizás ayude a asentar los mensajes de la cuenta en la ciudadanía. Está por verse. Al menos ya está disponible la transcripción, aunque no en HTML…

He dicho, compatriotas.

Nicolás Ibieta Illanes, periodista, Máster en Comunicación Política y Corporativa

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIA UNO

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