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Publicado el 24 de junio, 2018

Eloísa Díaz Insunza (1866-1950)

Doctorado en Historia Universidad San Sebastián Cecilia Morán
Este 25 de junio se conmemorarán 152 años del nacimiento de la primera mujer chilena y latinoamericana en ser médico-cirujana, quien a lo largo de su vida se empeñó por mejorar la salud y las condiciones sociales de las mujeres y los niños.
Cecilia Morán Doctorado en Historia Universidad San Sebastián
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Luego de que se dictó el Decreto Amunátegui en febrero de 1877, las mujeres chilenas accedieron por primera vez a rendir exámenes que las habilitaban para cursar estudios universitarios en igualdad de condiciones que los varones. Toda esta situación se dio en el marco de un incipiente debate entre quienes argumentaban a favor de que las mujeres recibieran una educación formal similar a la de los hombres y que no se les excluyeran los ramos científicos, por ejemplo, en contraste con las opiniones más tradicionales que defendían la idea de que la mujer sólo debía ser educada en base a ideas elementales que la capacitaran únicamente para un buen gobierno del hogar, para desempeñarse como excelente esposa e hija y para que ejerciera eficazmente su tarea orientada a la formación de sus hijos, los futuros ciudadanos.

En 1880, luego de rendir el examen de Bachillerato en Humanidades, Eloísa Díaz ingresó a la Universidad de Chile y recibió su título en enero de 1887. Su memoria de prueba para optar al grado de Licenciado en la Facultad de Medicina y Farmacia, Breves observaciones sobre la aparición de la pubertad en la mujer chilena y las predisposiciones patológicas del sexo, demuestra su temprano interés por aportar a la mejora en la calidad de vida no sólo de las mujeres chilenas, sino de quien lo necesitase. Esto lo demuestra en la introducción de la misma, al plantear la siguiente pregunta: “¿Qué cosa hay más noble y grande que aliviar a la humanidad doliente y salvar la vida del deudo querido?”
Entre las innumerables labores mediante las cuales aportó al país, contamos no sólo las ligadas a su desempeño profesional en materia ginecológica, sino que también en el campo de la higiene de las escuelas chilenas, ámbito que por aquel momento era trabajado por el Estado con ayuda de médicos. Resalta su constante inquietud por las condiciones estructurales de las escuelas, las que siempre consideró insuficientes para que los niños se desarrollaran de manera integral y saludable.

Eloísa Díaz destacó por sus ideas de cambios concretos encaminados a aliviar la dramática situación por la que atravesaban la mayor parte de las mujeres y niños chilenos. Así, propuso entregar raciones escolares que ayudarían a mejorar la salud de los niños y, a la vez, fomentarían su asistencia a la escuela. Por otra parte, impulsó la creación de jardines infantiles, la vacunación de los más pequeños, luchó contra la tuberculosis, el raquitismo, el alcoholismo y apoyó el dictamen de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. Sumado a lo anterior, fue la primera directora del Servicio Médico Escolar de Chile.

Eloísa Díaz falleció a los 85 años en el hospital San Vicente de Paul. El 2 de noviembre de 1950, la entonces Primera Dama Rosa Markmann escribía al rector de la Universidad de Chile Juvenal Hernández, para solicitarle que los restos de la eminente médico chilena fuesen velados en la Universidad, argumentando que “la Universidad de Chile no sólo haría un acto de justicia a la que fue un profesional de excepción, sino que impartiría una lección ejemplarizadora al incluirla en el número de ilustres que allí recibieron homenaje póstumo”. La respuesta del rector fue negativa: “No es posible honrar los restos de la Dra. Eloísa Díaz en el Salón del Consejo Universitario, porque la tradición dispone este honor únicamente para los ex Rectores y Decanos o para los grandes próceres de la cultura nacional”. Sin duda es un episodio que nos plantea un tema que no deja de sorprender hoy, cuando Chile vive un resurgimiento de la lucha femenina. Así, en honor a la tradición, fue cómo se le negó aquel gesto tan importante a la primera mujer médico chilena y latinoamericana, una tradición que en su juego constante e inacabable con la modernidad, en diferentes épocas ha coartado el reconocimiento y avance de tantas mujeres del mundo.

Cecilia Morán, Doctorado en Historia Universidad San Sebastián

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