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Publicado el 29 de abril, 2018

El zapato chino del ministro de Hacienda

Ingeniero Civil y Empresario Francisco Saenz
Cabe preguntarse qué margen de maniobra posee Hacienda para alcanzar sus objetivos, pues a primera vista la situación no parece holgada. Digamos que hay tres objetivos básicos: incentivar el crecimiento, reducir el déficit fiscal y cumplir el programa.
Francisco Saenz Ingeniero Civil y Empresario
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Luego de dos jornadas agotadoras, finalizó este martes el encuentro Chile Day 2018 en Nueva York. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, encabezó la delegación chilena aprovechando el tiempo para reunirse con más de cien managers de inversión en diversas clases de activos. Nuestro ministro no es nuevo en estas lides y sabía a lo que iba. Su principal tarea era dar el siguiente mensaje a los inversionistas: aquí estamos de nuevo, vamos a hacer las cosas bien y nuestro país sigue siendo atractivo para invertir.

Pero la credibilidad de este mensaje no recae solamente en la persona del ministro, ni en las demás autoridades y ni siquiera en nuestro Presidente; recae sobre todo en las condiciones de las finanzas públicas del país y cuánto puede hacerse para mejorarlas.

Hace cuatro o cinco años Felipe Larraín podía pasearse tranquilo por el Chile Day, porque contaba en ese entonces con el respaldo de un país con sus cuentas fiscales ordenadas y un crecimiento sostenido. El panorama hoy es diferente. No vale la pena hacer mucha historia, sólo recordar que después de cuatro años de reformas ininterrumpidas Chile acabó el año 2017 con un paupérrimo crecimiento de 1,6% del PIB, un grado menos en su clasificación crediticia y un galopante déficit fiscal de 2,8% del PIB. Pues bien, es esta “herencia concreta” la que ha ensombrecido el panorama.

Por supuesto, el ministro no pretendió desentenderse de estas realidades y señaló claramente durante el encuentro que sus objetivos consistían tanto en recuperar el rating crediticio del país como mejorar las finanzas públicas, pero como sabía que no todo se basa en promesas, dejó lo mejor para el final: acabando el evento anunció un tercer plan de austeridad fiscal, adicional a los dos anteriores, cuyo monto superaría con creces los US$ 500 millones en ahorros anunciados en el primer plan. Son buenas noticias.

Después de cuatro años de reformas ininterrumpidas Chile acabó el año 2017 con un paupérrimo crecimiento de 1,6% del PIB, un grado menos en su clasificación crediticia y un galopante déficit fiscal de 2,8% del PIB. Esta ‘herencia’ ha ensombrecido el panorama”.

Sin embargo, cabe preguntarse qué margen de maniobra posee Hacienda para alcanzar sus objetivos, pues a primera vista la situación no parece holgada y más bien se asemeja a un zapato chino. Digamos que son tres los objetivos básicos: incentivar el crecimiento económico, reducir el déficit fiscal y cumplir el programa de gobierno.

El déficit no admite equívocos: debe reducirse sustancialmente. De no ser así, la credibilidad del país puede quedar seriamente dañada, las inversiones externas decaer y ni pensar en recuperar el rating crediticio perdido. El problema es que reducir el déficit no es fácil ni es gratis. Lo que ha estado haciendo el gobierno —buscar ahorros— es lo único que se puede hacer, ya que sus ingresos dependen de la estructura tributaria del país y de los recursos provenientes del cobre y eso no es manejable. Aun así, los planes de ahorro son limitados; considérese que el déficit del año anterior representa nada menos que US$ 8.000 millones y los planes de austeridad fiscal hasta ahora anunciados, siendo optimistas, alcanzarán los US$ 1.000 millones.

Lo anterior establece desde ya una restricción sobre el segundo objetivo, incentivar el crecimiento. Si se tuviese una situación fiscal sana el gobierno podría apoyar el crecimiento con mayores gastos e inversiones, pero en la situación actual no es posible; resta entonces confiar en el positivo ciclo económico que vive el mundo y en crear el mejor ambiente interno posible para recibir inversiones. El Presidente declaró esta semana que espera un crecimiento del 3,5% del PIB para el año en curso y algunos analistas privados creen que puede llegar a más, si bien tampoco es para salir a festejar, pues la base de comparación respecto del año pasado es demasiado baja y la cifra sólo marcaría el inicio de una recuperación. Respecto del crecimiento existe, además, otro punto a considerar: el lastre de las reformas de los últimos años (aquella otra parte de la “herencia”), en especial las reformas laboral y tributaria, cuyos efectos a mediano y largo plazo en el crecimiento económico del país aún desconocemos. Pero algo sí sabemos: que nuestra competitividad respecto a otros países ha disminuido, nos guste o no.

El tercer y último objetivo en juego para Hacienda es contribuir a cumplir el programa de gobierno, ¿cuánto puede hacer? Todo depende.

En primer lugar, debe considerarse que incentivar el crecimiento y reducir el déficit son parte integral del programa de gobierno y, como ha sido dicho, Hacienda está haciendo lo correcto con mucha fuerza y realismo. Haber empezado por esto implica crear holguras para el futuro. En cambio, hay muy poco margen de maniobra hoy para Hacienda respecto de aquellas partes del programa que impliquen un aumento en los gastos o una disminución en los ingresos del Estado. Se entiende perfectamente la renuencia del gobierno en apresurarse a lanzar dichas iniciativas.

Tómese el caso de una eventual reforma tributaria. En sus inicios puede haber sido pensada como un posible alivio en la carga impositiva con el objeto de incentivar todavía más el crecimiento, ¿pero hay espacio hoy para esto? Muy poco. Y el dilema en este caso no es sólo tener que esperar o bajar mucho la puntería respecto a lo deseado, sino que para el gobierno radica también en el posible rearme de la oposición en el Congreso durante el intertanto, algo que ya se está produciendo en la Cámara Alta a través de las gestiones de su presidente, Carlos Montes.

Nada es gratis. Sea como fuere y considerando el escaso margen de movimiento, el Ministerio de Hacienda está haciendo muy bien su trabajo hasta el momento y si algo se pudiera recomendarse, como buen hijo de vecino, es seguir aplicando mucho realismo y mucha creatividad.

 

Francisco Sáenz R., ingeniero civil y empresario

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRÁN GAETE/AGENCIAUNO

 

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