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Publicado el 31 de diciembre, 2017

El triunfo de la realidad

No es que el país se haya “derechizado”, como sostienen algunos, sino más bien que la centroderecha desplazó con éxito su eje hacia el centro, logrando atraer a votantes que históricamente votaron por la ex Concertación.
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El domingo 17 de diciembre triunfó Sebastián Piñera. ¿Por qué?

¿Por qué pasamos de una primera vuelta que sembró dudas, por una campaña en que se avizoraba la disputa más estrecha desde el año 2000, a una victoria contundente y categórica? La respuesta parece estar literalmente en la realidad de la calle, bastaba observar con atención para darse cuenta de que quienes celebraban el resultado eran personas comunes y corrientes, ciudadanos del día a día, que caminan por la calle y toman el Metro diariamente. Escuché a un muchacho de sólo 18 años, que trabaja como recolector de basura para colaborar con sus estudios y aportar en su casa, decirme“…yo apoyo a Piñera porque mi mamá vende comida, y sabemos que con él habrá trabajo y saldremos adelante…”. Ante esa bocanada de realidad y sentido común, era muy poco lo que se podía agregar.

Resulta entonces falso y erróneo que el votante de Piñera sean los “rubios” de la diputada Karol Cariola, “los que quieren entrar al Club de Polo” de la actriz Aline Kuppenheim, o los “idiotas” del diputado Hugo Gutiérrez. Son simple y sencillamente chilenos que están hastiados de ideologismos, de fundamentalismos y de extremismos, sólo quieren progreso, justicia, libertad y paz. Así, mientras una izquierda democrática analizaría la derrota preguntándose por qué el chileno sencillo no votó por ellos, existe esta izquierda totalitaria y fanática que lo ataca, tratándolo de idiota. Junto con revelar su profunda ignorancia, esta izquierda extrema demuestra su nulo compromiso democrático. En democracia es fundamental saber ganar, pero también saber perder.

Por su parte, la centroderecha tiene la oportunidad histórica de demostrar que la clase media, el centro político y los ciudadanos de a pie, pueden perfectamente votar por ella, y que en ningún caso son “patrimonio exclusivo” de la izquierda. De hecho, esa misma clase media y ese mismo centro político se volcó en masa a votar por Piñera, porque era el único candidato que la convocaba en la búsqueda del progreso, dejando de lado los frenos ideológicos. El ahora Presidente electo tiene entonces la posibilidad de consagrarse como el nuevo referente histórico de la centroderecha, superando incluso a Jorge Alessandri Rodríguez, porque aunque tiene un Congreso donde sólo cuenta con mayoría relativa, lo respalda una coalición ordenada y acaba de obtener una sólida y contundente votación. Además, cuenta en su coalición con liderazgos que se proyectan a futuro como eventuales continuadores de un proyecto político que busca mucho más que sólo 4 años de Gobierno.

Una de las claves que explica lo ocurrido no pasa por que el país se haya “derechizado”, como sostienen algunos, sino más bien que la centroderecha desplazó con éxito su eje hacia el centro, logrando atraer a votantes que históricamente votaron por la ex Concertación, pero que hoy ante una coalición que se enclaustró en la extrema izquierda como la Nueva Mayoría, buscaron una alternativa que representara mejor las ideas de libertad y progreso. A eso cabe añadir que Chile está viviendo una etapa crucial, prácticamente 2/3 de su población son de clase media, un electorado diverso y sumamente exigente, que quiere avanzar, pero no perder los logros alcanzados. En ese universo, con un discurso añejo y permeado de marxismo, eran casi inexistentes las opciones de la Nueva Mayoría de poder lograr un triunfo.

Atención especial merece la campaña del “antipiñerismo” que se tomó gran parte de la agenda de la candidatura adversaria. Lo único cierto es que esa estrategia fracasó estrepitosamente; más que afectarlo, al parecer benefició al propio Piñera, porque el votante percibió una animadversión que terminó por molestarle. De ese modo, al convocar un “todos contra”, la candidatura del senador Guillier se vació del poco contenido que le iba quedando, transformando en meramente instrumental su aspiración y en superficial su visión.

Qué duda cabe, en definitiva, de que asistimos a un nuevo ciclo político, nuevos tiempos, un nuevo proceso, en los cuales Chile se jugará su salto al desarrollo. Las recientes elecciones demostraron que triunfó la realidad más que cualquier otra cosa, exigiendo un nuevo análisis de lo que viene ahora en adelante.

 

José Ignacio Concha, abogado y presidente del Centro de Estudios Sociedad Libre

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR/AGENCIAUNO

 

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