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Publicado el 09 de marzo, 2018

El TPP y la diplomacia comercial

El retiro de EEUU del Tratado Transpacífico de Cooperación Económica se enmarca en un proceso de involución de la influencia estadounidense en la escena internacional, iniciado tras la Guerra Fría y aún sin visos de detenerse.
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La suscripción del TPP (Tratado Transpacífico de Cooperación Económica) el día de ayer marca un hito en la evolución que ha experimentado el comercio internacional, cuyas normas, institucionalidad y efectos en las relaciones internacionales se ven sometidas, como pocas veces en la historia contemporánea, a una inquietante volatilidad. Si nos pidieran mencionar un tema que concentra, resume y explica mejor que cualquier otro la indisoluble interrelación entre la política y la economía, a nivel doméstico como internacional —y en éste último ámbito, el valor de la diplomacia comercial en el escenario actual y futuro de las relaciones internacionales—, ése sería el TPP.

Al analizar la historia de la negociación del TPP surge la interrogante sobre cómo y por qué, de doce socios iniciales quedaron sólo once y qué importancia tiene el retiro de los Estados Unidos del acuerdo. Partamos por decir que el proceso de globalización económica se inició y profundizó teniendo a los Estados Unidos de América como el líder mundial del libre comercio. ¿Qué ocurrió con ese liderazgo y qué hizo que los Estados Unidos se convirtieran en punta de lanza de una ola proteccionista que podría desatar una guerra comercial de alcance global?

En este punto es donde se constata el peso del factor político y cómo este factor, dependiendo de las motivaciones que lo impulsan, puede producir resultados tan diversos, para bien o para mal, en la política mundial. El retiro de los EE.UU. del TPP no surgió del análisis documentado de los beneficios económicos del acuerdo en sí o de las ventajas del libre comercio para el desarrollo del país del Norte en el largo plazo, sino de la interpretación política de los efectos de la globalización, asunto que se transformó en una consigna política transversal durante la última campaña presidencial estadounidense.

La coincidencia entre Bernie Sanders y Donald Trump en contra del TPP durante la campaña, a quienes se sumó Hillary Clinton, (después de que ella había apoyado explícitamente la negociación del acuerdo), marcó la pauta de lo que vendría después: el vuelco de la política comercial de los Estados Unidos, que de ser el país líder de la libertad de comercio, ha pasado a convertirse en una amenaza para el comercio mundial. En efecto, la reciente decisión de decretar fuerte alza de aranceles a la importación de hierro, podría resultar en una guerra comercial entre la potencia y varios de sus principales aliados.

El retiro de los Estados Unidos del TPP se enmarca en un proceso de involución de la influencia estadounidense en la escena internacional, iniciado tras el fin de la Guerra Fría y que no tiene indicios de detenerse. La administración Trump ha acentuado esa tendencia que profundiza la desvinculación de su país con el resto del mundo, dejando vacíos que otros, especialmente potencias emergentes, intentan ocupar, por lo menos en el terreno comercial. Lo que ocurre con el papel de los Estados Unidos en el escenario mundial, en especial el giro que ha tomado su política comercial y sus efectos potenciales, es un tema que plantea un desafío mayor a la planificación estratégica de la política exterior norteamericana.

Pero veamos lo que ocurre con el TPP de los once: hace poco más de dos años ya expresamos nuestra opinión al respecto, en esta misma columna, opinión que no ha variado. Chile decidió llevar adelante la negociación del TPP partiendo de la base de tener acuerdos de libre comercio con todos los países parte del tratado. Se negoció el acuerdo de manera progresiva, teniendo en cuenta los beneficios adicionales que su firma tendría, sobre lo que existía en acuerdos previos. Consecuentemente, lo que se buscaba era un mayor acceso a mercados, con mayor facilitación del comercio, así como la incorporación de nuevas normas que permitirán a nuestro país incorporarse a un sistema de cadenas de valor de bienes exportables con beneficios adicionales, como el que proporciona, por ejemplo, la acumulación de origen, norma que facilitará establecer sistemas de producción colaborativa, para exportar hacia terceros mercados.

El largo proceso de negociación del TPP nos deja lecciones de diversa índole. Una de ellas emana de las fuertes críticas que surgieron por la falta de información disponible al público sobre el proceso de negociación. Si bien las negociaciones internacionales suelen conducirse bajo reserva, la falta absoluta de información dio lugar a movimientos masivos en contra del acuerdo, por la especulación generada por el secretismo. Fallaron, en este caso, las vías de comunicación entre los gobiernos participantes en la negociación y sectores relevantes de la sociedad o sus representantes, para por lo menos dar indicaciones sobre las líneas gruesas de las deliberaciones. De haber existido un sistema de información limitado, se habría evitado mucha resistencia y especulación.

Otra importante lección que nos deja este tipo de negociaciones es el necesario y permanente trabajo de complementación entre la dimensión política y la función comercial de la diplomacia. Partiendo de la base de que la política exterior es una sola, su carácter multidimensional obliga a incorporar la visión política, a la par de los criterios económicos y comerciales. Si, por ejemplo, los Estados Unidos hubiesen tenido esto in mente  y se hubieran considerado los aspectos políticos en forma seria y planificada, tal vez no habría ocurrido el retiro del TPP, forzado por la distorsión producida por argumentos de corte populista. Con mucha más frecuencia de lo que nadie imagina, han sido gestiones político diplomáticas las que han permitido concluir negociaciones de tipo comercial, situaciones que el autor de estas líneas conoce de primera mano. De ahí que no se puede dejar de enfatizar la importancia de formar equipos de negociación que incorporen la mirada política junto a lo comercial.

 

Jorge Canelas, embajador (r), director de CEPERI

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

 

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