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Publicado el 10 de mayo, 2018

El presupuesto bajo presión

Las arcas fiscales están menguadas y con un volumen de deuda equivalente a todo un año de presupuesto, lo que pone sobre los gastos financieros una presión adicional y exponencialmente difícil de financiar. En los últimos cuatro años no hubo responsabilidad fiscal alguna.
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Si el lector tiene un hijo de cuatro años, ¿es razonable decir que enfrenta un gasto “potencial” en educación? El sentido común me dice que no y, aun más, debe tener claro que hay que disponer de recursos para financiar al menos 14 años de educación.

Bueno, eso fue el corazón de las recientes diferencias públicas entre las autoridades de Hacienda, actuales y pasadas. Las primeras reclaman que encontraron más de cinco mil quinientos millones de dólares en gastos futuros (2018-2021) no financiados, y las segundas se defendieron diciendo que aquellos eran gastos “potenciales” que no estaban comprometidos con una ley.

Cierto lo primero y cierto lo segundo, pero sólo en el papel. Lo concreto es que, dado el espíritu reformista y el impulso a los “derechos sociales” del gobierno anterior, se crearon una serie de gastos que podrían ser perfectamente exigibles y que, al no tener una ley que los financie, son un problema fiscal de proporciones en el futuro.

Las arcas fiscales están menguadas y con un volumen de deuda equivalente a todo un año de presupuesto, lo que pone sobre los gastos financieros una presión adicional y exponencialmente difícil de financiar. En los últimos cuatro años no hubo responsabilidad fiscal alguna, ya que aun a sabiendas de que las proyecciones de ingresos estatales basadas en la estimación de crecimiento del PIB siempre eran más altas que las reales, nunca existió un esfuerzo para acotar o disminuir el crecimiento del gasto público, con lo cual hemos sido testigos de un crecimiento desproporcionado de la deuda del Fisco.

Lo concreto es que, dado el espíritu reformista y el impulso a los “derechos sociales” del gobierno anterior, se crearon una serie de gastos que podrían ser perfectamente exigibles y que, al no tener una ley que los financie, son un problema fiscal de proporciones en el futuro”.

A mi juicio, lo más injusto de lo anterior es que la fiesta de gasto de los últimos años la pagarán dos o tres generaciones que aún no nacen y que no recibirán ningún beneficio del exceso de gasto. En definitiva, el presupuesto está bajo la presión de los derechos sociales exigibles y de una injusticia intergeneracional respecto de los pagos futuros de la deuda fiscal.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

 

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