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Publicado el 19 de marzo, 2018

El cimiento de cristal de la argumentación boliviana

Tanto por las formalidades como el contenido del Tratado de 1904, Palacio Quemado carece de sustento para exigir que la Haya obligue a Chile a negociar, en miras a una hipotética reparación.
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La narrativa y la oratoria dan para mucho, por eso tiene sentido la expresión: “el papel aguanta todo”. Pero al momento de enfrentar un juicio donde los magistrados y representantes chilenos tienen un sólido entrenamiento en pensamiento crítico, es mucho más difícil para los bolivianos sustentar un argumento feble. El gobierno paceño construye el caso sobre un cimiento de cristal, por el cual presenta a Chile como el culpable de la “pérdida” de una cualidad marítima, cuando en realidad hubo una “cesión pactada”. Entonces, ¿cuál es el fundamento de la nueva negociación que exige Bolivia?

El elemento más contundente para desacreditar la perspectiva de la “pérdida” es el Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Bolivia de 1904. En términos formales, el documento explicita de manera tangible la existencia de un acuerdo. Más importante aún a efectos del diferendo judicial, surge a partir de un largo proceso de negociaciones que comienza antes del Pacto de Tregua de 1884. Se suma el hecho de que el texto es ratificado en los respectivos Congresos, por ende, se trata de un documento legítimo y legitimado. Incluso, el acuerdo es sujeto de una amplia discusión en el Poder Legislativo del país vecino, que da cuenta del carácter democrático de su aprobación, su firma y ratificación dista mucho de una imposición.

En términos de contenido, el Tratado de 1904 constituye una “cesión pactada”. Bolivia renuncia al territorio que le da acceso soberano al mar, a cambio de la infraestructura crítica que le permita tener interconexión física con el litoral, asegurando un acceso libre al Pacífico. Chile se compromete a liberar fondos que entrega en su totalidad, a garantizar acceso libre a puertos chilenos a perpetuidad y construir el ferrocarril Arica-La Paz. Para efectos del proceso actual en la Haya, es crítico enfatizar que la cesión pactada contiene una fórmula de compensación, por lo que se configura un intercambio. Es necesario enfatizar que la existencia del intercambio permite desacreditar la pérdida como enfoque.

Tanto por las formalidades como el contenido del Tratado de 1904, Palacio Quemado carece de sustento para exigir que la Haya obligue a Chile a negociar, en miras a una hipotética reparación. Lo anterior explica el cuestionamiento que en Bolivia se hace tanto del texto como de las acciones de Chile por cumplir con lo dispuesto.

Desde una perspectiva complementaria, destaca que el Tratado de 1904 ha brindado años de paz, estabilizando las relaciones en el Cono Sur. Una alteración podría afectar el equilibrio regional.

Volviendo a la pregunta inicial, ¿en qué se sustenta la nueva negociación que exige Bolivia? Un puntal es la coherente y constante política exterior paceña que tiene claridad sobre los intereses nacionales, que puja por recuperar esa cualidad marítima, a lo menos formalmente desde 1919. Se erige como soporte una sofisticada narrativa, que desde la victimización acusa el abuso de un vencedor (que no olvidemos, pactó mecanismos de compensación a perpetuidad a cambio del territorio). A lo anterior, se suma el hecho de que, en una sociedad tan dividida como la boliviana, ha tenido sentido político el levantamiento de un “adversario común”, a partir de lo cual se promueve el conflicto con Chile instrumentalizándolo como argamasa política.

El diferendo también se institucionaliza, con iniciativas como la conmemoración del Día del Mar, que se transforma de un homenaje al héroe boliviano Eduardo Avaroa, en una manifestación popular de carácter familiar, donde los niños aprenden que a Bolivia se le arrebató el mar y que tienen que recuperarlo. Se crean instituciones como la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima y la Armada boliviana; asimismo, símbolos como la bandera del litoral, bandera de la reivindicación marítima y la Marcha Naval, que debe ser entonada en todo acto cívico, cuya última estrofa consigna: “Antofagasta, tierra hermosa // Tocopilla, Mejillones junto al mar, // con Cobija y Calama, // otra vez a Bolivia volverán”. Junto a lo señalado, destaca que en 2009 apareciera como mandato constitucional la recuperación del territorio que le diera a Bolivia acceso soberano al mar.

En resumen, la institucionalización va de la mano con un proceso de concientización política y social. Como resultado, es todo un pueblo el que clama. Al respecto, es necesario enfatizar que la negociación sobre la cualidad marítima de Bolivia ya ocurrió, por lo que actualmente ese país pretende recuperar lo que alguna vez honorablemente cedió.

 

Cristián Faundes, periodista UC, magíster en Ciencias Militares y magíster en Seguridad y Defensa

 

 

FOTO: JUAN CARLOS TORREJON/AGENCIAUNO

 

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