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Publicado el 31 de diciembre, 2017

El botón de pánico

¿Quién hubiera pensado que mantener la herida abierta iba a traer semejantes consecuencias? Parafraseando a Felipe Harboe en Twitter: Chile se suma a los países donde la experiencia de gobiernos marxistas produce gobiernos de derecha.
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“Chile se salvó”. Eso gritaba a voz en cuello la horda de manifestantes que se congregó el domingo frente al hotel Crowne Plaza para celebrar el triunfo de la derecha en la elección presidencial. Porque no ganó Sebastián Piñera, ganó la derecha. Toda, completa, unida y articulada. Como dijo un buen amigo luego del conteo de votos: “La derecha bajó de los montes, despavorida”. Y es que no quedó una sola mesa sin protección: más de 52 mil apoderados del sector resguardaron el proceso. Conservadores, socialcristianos y liberales de diverso signo trabajaron juntos con un solo objetivo: salvar a Chile de tropezar, de nuevo, con el marxismo.

Muchos acusan un “discurso del terror” –sobre todo desde la vereda contraria, a la que pareciera gustarle la democracia sólo cuando gana–,  pero pocos se han atrevido a realizar la autocrítica necesaria: con una perorata radicalizada, el terror lo generaron Alejandro Guillier y su comando.

Surge entonces una primera reflexión: hemos descubierto que Chile sí cuenta con un “botón de pánico”.

En otras palabras, los chilenos se cansaron del engaño socialista. Un factor necesario para explicar el fenómeno son los ejemplos contemporáneos en el marco de una sociedad globalizada (Venezuela, Cuba, Bolivia, etc.), pero quizá sean aún más importantes las reminiscencias de nuestra propia historia. Esos recuerdos dolorosos que fueron capital político de la izquierda por tantos años y que hoy se vuelven en su contra. ¿Quién hubiera pensado que mantener la herida abierta iba a traer semejantes consecuencias? Parafraseando lo apuntado por Felipe Harboe en Twitter: Chile se está sumando a una larga lista de países donde la experiencia de gobiernos marxistas produce gobiernos de derecha.

Hemos descubierto que tenemos memoria, segunda reflexión.

Y lo que para el Frente Amplio al principio era una fiesta, hoy se transformó en un funeral que ha desnudado lo peor de la familia. Beatriz Sánchez fue utilizada de la misma manera que Josefa Errázuriz (Q.E.P.D., políticamente hablando) y hoy presenciamos su velorio, mientras todos se disputan la herencia política. Al igual que sus fracasadas propuestas económicas –dependientes en su mayoría del aumento de la deuda externa del país–, el posicionamiento de rostros mediáticos para acaparar fuerza electoral rápidamente es pan para hoy y hambre para mañana. Ya quiero ver al diputado Florcita Motuda dando un discurso. Por otro lado, el FA enfrenta problemas tácticos severos: un relato deslegitimado, unos líderes que se vendieron al sistema y sus nichos de captación universitaria cada vez más atomizados.

Era un secreto a voces, pero hoy es una realidad: el Frente Amplio tenía fecha de término cuando los jóvenes revolucionarios que lo conforman se vieran en la necesidad de cambiar la capucha por la corbata para salir a trabajar.

Reflexión final: el “botón de pánico” ayuda a madurar.

 

Henry Boys Loeb, director nacional Observatorio de la Cultura San Juan Pablo II

 

 

FOTO: ALEJANDRO ZOÑEZ/AGENCIA UNO

 

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