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Publicado el 29 de diciembre, 2017

El año de Chile Vamos

Fue un año inolvidable para la centroderecha, pero los próximos meses exigen mucho más que decisiones electorales correctas o un relato coherente con las aspiraciones de los chilenos: servir al país para cumplir con la promesa de progreso social.
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Por sus resultados históricos para la centroderecha, lo realizado por Chile Vamos en 2017 merece la última columna del año. Nada es casualidad en política, y tal como desmenuzamos tan amargamente y durante años las derrotas, démosle también una mirada a los factores que contribuyeron a la reciente victoria.

La primera decisión correcta fue la temprana formación de una coalición de centroderecha. Un año antes de las elecciones municipales, que convocaron a todas las expresiones del sector, con propósitos electorales, pero sobre todo políticos, y pensando en el largo plazo en torno a principios esenciales: libertad, justicia; progreso y solidaridad. Escribirlo toma segundos, concebirlo tomó algunos años y es fruto de la participación de muchas personas en distintos espacios de reflexión, de la persistencia y la capacidad de superar las barreras naturales que se levantan alrededor de los partidos para integrar coaliciones (el temor a perder identidad, soberanía, espacios de decisión).

A continuación vinieron las decisiones electorales, ninguna de ellas, por cierto, exenta de intensos debates, dudas y conflictos. La primera fue sentar una estrategia de unidad para enfrentar las municipales de 2016, cuyos resultados infligieron una dura derrota a la Nueva Mayoría y la cosecha de triunfos emblemáticos para Chile Vamos en todo el país.

Pocos meses después, la coalición abordó el mecanismo para definir un candidato presidencial de unidad. No era una decisión fácil someterse a la tensión natural que provoca un proceso electoral, cuando Sebastián Piñera corría hacía rato como el favorito. Con resistencias iniciales, la coalición decidió finalmente competir en primarias presidenciales abiertas, con un resultado que superó significativamente sus propias proyecciones de participación, eligió a Sebastián Piñera con el respaldo de casi un millón de personas y puso a prueba la capacidad de articularse en todo el país. De paso, todos aprendimos una de las principales lecciones políticas de 2017: es muy difícil ya imaginar en Chile la definición de candidaturas presidenciales competitivas fuera de una primaria.

Venía luego una prueba dura para la centroderecha: definir una estrategia para la elección parlamentaria, la primera con un sistema proporcional y en la que era necesario conjugar el interés colectivo con los legítimos intereses de cuatro partidos políticos. Chile Vamos logró cerrar una lista de candidatos a diputados y senadores de unidad, convirtiéndose en la elección de noviembre en la primera fuerza política en la Cámara, con el 38,7% de la votación y 72 diputados, equivalentes al 48% de los escaños. Nada mal para una centroderecha que fue injustamente acusada por años por la izquierda de tener una representación parlamentaria subsidiada por el sistema binominal.

Ningún análisis estaría competo y sería honesto sin considerar como el factor determinante de los resultados de Chile Vamos la figura de Sebastián Piñera y su liderazgo activo. Primero, para contribuir a un proyecto político coherente y que respondiera a las exigencias de una mayoría, en un país tan diverso y complejo como el nuestro. Y luego, para impulsar las mejores decisiones electorales. Tal vez la clave que diferenció su candidatura y la performance de Chile Vamos respecto de la Nueva Mayoría fue el propio candidato y hoy Presidente electo, quien decidió que los partidos estarían en el corazón de la campaña, a diferencia del entorno de Alejandro Guillier, que los relegó a un plano sin influencia.

Fue un año inolvidable para Chile Vamos, pero la campaña está ya en el pasado y lo que enfrenta la coalición en los próximos meses exige mucho más que decisiones electorales correctas o un relato coherente con las aspiraciones de los chilenos. Conformar el gobierno del Presidente Sebastián Piñera con generosidad y con un solo propósito: servir al país para cumplir con la promesa de progreso social.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO

 

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