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Publicado el 27 de marzo, 2018

Dos alternativas a los derechos sociales

Ls propiedades del bienestar social que la centroderecha debe posicionar demandan movilización del discurso, aceptabilidad social y rentabilidad política. ¿De qué material conceptual debe nutrirse? ¿Dónde están dichos insumos?
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Una vez terminadas las celebraciones por el traspaso de mando y en pleno proceso de instalación en el gobierno, es preciso hacer notar una tarea ineludible que deberá enfrentar la centroderecha y el Presidente Piñera: me refiero a la incorporación de contenidos y clusters conceptuales alternativos para hacer frente al absolutismo de los derechos sociales como paradigma del bienestar social en este país.

En ese sentido, no cabe duda que la Nueva Mayoría (o lo que queda de ella) buscará defender y proyectar “su legado” acoplando el discurso de los derechos sociales a los resultados del gobierno de Michelle Bachelet y sus emblemáticas reformas, tesis del “dejamos un país más desarrollado” sostenida por Nicolás Eyzaguirre. Por otro lado, el Frente Amplio optará por un set de ideas que llame a profundizar dichos derechos; ya sea desde el Congreso o desde la calle, su voz demandará aumentar la cobertura de seguridad social, disminuir los niveles de desigualdad, alejar al mercado de la vida de los ciudadanos, etc. En ambos casos los derechos sociales se transforman en la única brújula ética que nos indica la rectitud de la acción política. No obstante, hemos podido comprobar que dichas ideas no garantizan el éxito de un gobierno, ni incorporan certezas respecto de las preferencias sociales; así se lo hizo saber la ciudadanía a la Nueva Mayoría la tarde del 17 de diciembre pasado.

En este orden de cosas, la búsqueda de contenidos alternativos que legitimen la conducción política y dé sentido al conjunto de políticas públicas que incorpora el programa de gobierno cobra vital importancia. Los derechos sociales, debido a su lejanía práctica, terminaron por ser contenidos vagos, sin precisión y nula capacidad de conectar con una ciudadanía en búsqueda de certezas y precisión en la consecución de bienes públicos. Ante ello, la centroderecha se encuentra con una oportunidad inmejorable de posicionar contenidos alternativos de bienestar social que entronquen con prioridades y preferencias sociales que fueron descuidadas por la Nueva Mayoría.

Desde mi punto de vista, que se haya “corrido el cerco ideológico” no implica que sea en la misma dirección, ni menos mantener los mismos materiales igualitarios/estatistas que sostuvieron su estructura; por el contrario, las propiedades del bienestar social que la centroderecha debe posicionar demandan movilización del discurso, aceptabilidad social y rentabilidad política. ¿De qué material conceptual debe nutrirse? ¿Dónde están ubicados dichos insumos? Provisoriamente, sugiero bosquejar un mapa de alternativas dentro de Chile Vamos que apuntan a dos direcciones.

La primera responde a la llamada “sociedad de oportunidades”, cuya premisa es ampliar espacios de libertad individual. En línea con los supuestos de Hayek e Isaiah Berlin, la finalidad última de dicha propuesta es ir eliminando barreras de entrada o ciertas interferencias a bienes públicos que los individuos enfrentan al momento de desplegar sus elecciones, en consecuencia, la existencia de dicha sociedad dependerá de la mayor cantidad de opciones que se puedan presentar ante el individuo. Para ello, la derecha eficientista y el equipo económico del Presidente Piñera (Felipe Larraín en Hacienda y José Ramón Valente en Economía) creen que el crecimiento económico, el shock de inversiones, la creación de empleos e inversión en capital humano resultan fundamentales para dicho objetivo; de este modo, su funcionamiento necesariamente dependerá de los mecanismos de mercado, si lo que se busca es multiplicar opciones y bienes disponibles a las personas.

Sin embargo, su éxito político dependerá de que dicho dispositivo funcione para todos y origine la idea de prosperidad popular garantizando su consecución mayoritariamente por el esfuerzo o excelencia individual. De igual forma, la “sociedad de oportunidades” defiende cierta flexibilidad institucional para dar cabida a la mayor diversidad de modos de vida que puedan coexistir en  nuestro país, ampliando el abanico de opciones al momento de expresar preferencias morales. En este tipo de coordenadas se encuentra el partido liberal Evópoli.

Un segundo eje de bienestar que puede hallarse al interior de Chile Vamos podríamos denominarlo “sociedad solidaria”. Esta alternativa tiene como finalidad la incorporación de mecanismos de cohesión social sosteniendo como axioma constitutivo la existencia de deberes sociales, principalmente hacia los más vulnerables. Aquella postura no busca aumentar alternativas en el individuo, por el contrario, como indica Charles Taylor, plantea cuestiones de valor categórico, delimitando y diferenciando cosas que se reconocen como poseedoras de importancia mayor. En ese sentido, la solidaridad emerge como principio social ordenador de instituciones, que pondera de forma superior la ayuda y preocupación por los más desvalidos mediante el apoyo mutuo.

La “sociedad solidaria” no pretende remplazar al mercado como mecanismo eficiente de distribución, tal como proponen frente amplistas y progresistas de la Nueva Mayoría, sino que lo ve como un sano complemento de suficiencia o subsidiariedad; es decir, existen necesidades que los mercados no pueden satisfacer, sea porque son bienes públicos o porque exceden los órdenes del libre intercambio, en consecuencia, se debe partir trabajando por mejorar o ayudar (no igualar) las condiciones de bienestar de los más necesitados y sectores medios del país. En esta línea se encuentran la derecha social del ossandonismo, la Federación Socialcristiana de Francisco Chahuan y la UDI Popular, entre otros.

Para llevar a cabo dichos posicionamientos conceptuales ya existe hoja de ruta clara, pues la voluntad del Presidente Piñera es “volver a la política de los consenso y grandes acuerdos nacionales”, dejando atrás la retroexcavadora y la tiranía de la mayoría. Sin embargo, a diferencia del año 2010, la fórmula de la centroderecha no apunta a la capacidad de gestión ni eficiencia económica, sino que en esta pasada parece ir en línea con profundizar el espacio de las oportunidades y adentrase en el terreno de las solidaridades colectivas. Efectivamente, la centroderecha cuenta con mayor experiencia y un considerable apoyo ciudadano para enfrentar este gobierno, en consecuencia, es el momento indicado para aprovechar de cimentar políticamente su premisa básica de bienestar: los individuos deben convivir en el Estado, no vivir de él.

 

César Sandoval Cristi, cientista político, Socialcristianos por Chile

@Sandoval_Cristi

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO

 

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