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Publicado el 19 de mayo, 2018

De nuevo la cultura

Impulsar un cambio cultural debe ser un eje rector para el gobierno de Piñera, a fin de rescatar e instalar las bases para una sociedad de libertades.
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A pesar de la mejora en el manejo comunicacional del gobierno de Sebastián Piñera, aún queda la duda de cuál es el objetivo real de esta administración. La pregunta es importante, toda vez que el impacto de un gobierno no pasa sólo por la habilidad de comunicar, ni por la eficiencia en el uso de los recursos. Más aun en tiempos de fragmentación política, cuando está en juego la pregunta por cuál es el sentido de “lo común”.

Es necesario buscar el impacto en un sentido más profundo. Me atrevería a postular que ese foco debiera estar en la cultura, inquietud que coincide con la implementación de un nuevo Ministerio. Se puede criticar -como hemos hecho- la idea de que exista un Ministerio con la misión de restaurar la deuda histórica con las culturas, en plural. Pero considerando que ya está en marcha, se puede alzar como un espacio idóneo para la reflexión intelectual que el mundo de la centroderecha necesita.

La definición de cultura es problemática y excede por mucho lo que se puede plantear en un texto de opinión. Partamos por distinguirla del mero espectáculo de fin de semana y de la pura manifestación artística, sea una exposición o un concierto masivo. Podemos tomar cultura en un sentido más denso, ya no como sinónimo de “arte”. La cultura sería el modo de habitar el mundo que tiene una comunidad particular y su manera de interpretar la realidad. Eso incluye no sólo las artes, sino también los modos de comunicarse, los símbolos, las representaciones de lo común, la relación con el resto de las personas, con la sociedad y con la trascendencia.

Vista de esta manera, la cultura posibilita que se encuentren los distintos, pues nos permite compartir un lenguaje y códigos comunes. Es una base compartida que involucra no sólo a los vivos, sino también a los estuvieron y a quienes vendrán. Se trata de un obstáculo para las soluciones revolucionarias y mágicas. Por eso es importante incorporar la cultura a la discusión pública.

Para lograr eso, hay una serie de pasos anteriores. Urge discutir si la economía sirve para dar cuenta de la realidad social completa. Lo mismo corre para los derechos sociales. Sus defensores -tanto de derecha como de izquierda- los postulan como los únicos parámetros para medir el desarrollo. La economía sirve para resolver el problema de la escasez, pero falla cuando se extiende el resto de las relaciones. Lo mismo corre para los derechos sociales: podrían servir para resolver problemas jurídicos, pero no para corregir el malestar social.

Por eso, impulsar un cambio cultural debe ser un eje rector para el gobierno de Piñera, a fin de rescatar e instalar las bases para una sociedad de libertades. Ir más allá de una buena administración, para preguntarse, como Pedro Morandé: “¿Es el mercado el verdadero mecanismo de producción de síntesis social en todas las culturas (…)?”.  La pregunta sigue en pie y sin respuesta, pero se amplía a los que promueven una “sociedad de derechos”.

A partir de lo anterior, es indispensable repensar la cultura y su rol en la construcción de un relato común. La implementación del nuevo Ministerio de las Culturas es una oportunidad para potenciar la reflexión cultural orientada a la búsqueda de esa identidad extraviada. El tema ya está puesto y nuestra sociedad no tiene excusa para ignorarlo, más aún cuando en esa búsqueda se encuentra una clave para su propio desarrollo.

 

Rodrigo Pérez de Arce P., investigador Fundación para el Progreso

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR/AGENCIAUNO

 

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