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Publicado el 30 de diciembre, 2014

Congestión en carreteras

Es urgente adelantar proyectos de infraestructura de transporte.
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Ya se ha transformado en una costumbre que durante los fines de semana largos se presenten episodios de intensa congestión vehicular en las carreteras interurbanas, y más notoriamente en aquellas que se ubican en las salidas de Santiago.

La razón de ello es principalmente el crecimiento económico del país y su impacto en el ingreso per cápita de las familias. Esto se refleja específicamente en al menos dos dimensiones: la primera, es el aumento en la tasa de motorización de la población (más familias pueden acceder al automóvil); y la segunda es el aumento de las vacaciones o de viajes a regiones que se efectúan en estas épocas. Es decir, tenemos más familias viajando y con más autos.

¿Es malo esto? Por supuesto que no, todo lo contrario. Estas familias, producto de su trabajo y del crecimiento económico del país, ahora pueden acceder a bienes (autos) y servicios (vacaciones) que hace una década simplemente no podían. Es decir, son familias que sin duda alguna experimentan un mayor bienestar que antes.

Sin embargo, todos sabemos que la congestión vehicular es un problema creciente, y que sólo puede empeorar a futuro como consecuencia, paradójicamente, del mayor poder adquisitivo de las familias.

Es acá entonces donde debiéramos ver en acción a las autoridades del país, proponiendo proyectos y políticas que generen condiciones adecuadas para un uso eficiente de los recursos disponibles (vehículos, carreteras, energía, etc.) y, más importante aún, implementándolas.

La semana del 18 de septiembre del año 2012 fuimos testigos probablemente del mayor taco en la historia del país, hasta siete horas tardaron decenas de miles de vehículos en desplazarse entre Santiago y Rancagua. Este antecedente permitió que al año siguiente, las autoridades de la época no sólo implementaran medidas de gestión de tráfico adecuadas, sino que además una campaña comunicacional que, ex post, podemos calificar como muy exitosa.

Dentro de las medidas de gestión implementadas, y que afortunadamente han mantenido su éxito hasta el día de hoy, podemos mencionar las políticas 3×1 e incluso 4×0, que buscan adaptar la oferta vial a los aumentos estacionales de demanda que en fines de semana largos o en época estival se presentan.

Otras políticas de gestión, probablemente de menor impacto pero igualmente necesarias ya que ayudan, corresponden a la restricción a los camiones y los descuentos tarifarios en los peajes durante los períodos nocturnos de menor demanda.

Todas estas innovaciones han permitido, en total, inducir aumentos de capacidad superiores al 25%, que en situaciones de alto flujo pueden traducirse en ahorros de tiempos importantes. No eliminan la congestión, claro está, pero sí permiten que un viaje que en condiciones normales tarda 90 minutos, aumente sólo un 50% su duración, y no un 300% como ha ocurrido en ocasiones anteriores cuando no se implementan estas políticas.

Sin embargo, es probable que la política de mayor impacto sea de tipo comunicacional. Es decir, que las autoridades de gobierno hagan un esfuerzo adicional en persuadir a los viajeros de tal forma que realicen sus viajes en horarios de menor demanda, como por ejemplo en la noche o de madrugada. Esto fue lo que se observó en septiembre del año 2013, en que en el peaje Angostura se registraron flujos cercanos a los 3 mil vehículos por hora en horarios inéditos, como por ejemplo entre las dos y las tres de la madrugada.

Pero estas políticas, muy útiles en el corto plazo, son absolutamente insuficientes en el mediano y largo plazo. Con un parque automotriz que crece cerca de un 6% cada año, con una mayor disposición a pagar por parte de los viajeros en épocas estivales, los episodios de congestión no sólo serán más frecuentes, sino que además serán de mayor duración. Para enfrentar esta situación, que hoy sabemos es un dato conocido tanto por autoridades como por automovilistas, es urgente adelantar proyectos de infraestructura de transporte, tanto de vialidad como para ferrocarriles e incluso aeropuertos.

Mientras más alternativas adecuadas existan, mayor es el incentivo para que, una proporción determinada de viajeros deje su automóvil y pueda acceder a su destino usando alternativas de muy buena calidad, integradas operacionalmente con otros modos de transporte en sus lugares de destino.

Este es el gran desafío en materia de transporte interurbano de nuestro país. Los recursos económicos existen, la estructura normativa también. Sólo falta la voluntad política y el liderazgo para llevarlos a cabo.

 

Louis de Grange, Doctor en Transporte, Universidad Diego Portales.

 

 

FOTO:MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO

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