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Publicado el 26 de septiembre, 2017

Bloquear en redes sociales

No entendemos si es por inhabilidad social o timidez extrema. Luego, no sabemos si atribuirlo a algún miedo o a una intolerancia intransigente. ¿Creemos que si bloqueamos el otro deja de existir? Obviamente no.
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Mientras los nativos digitales nacen y crecen en estrecha relación con sus dispositivos electrónicos, los adolescentes se relacionan con sus pares a través de las redes sociales y los adultos no podemos soltar el celular, hay quienes siguen creyendo en ciertos mitos o no logran sumarse a las reglas del juego.

Lo cierto es que los niños pequeños no se harán más tontos por usar la tecnología, la evidencia empírica demuestra lo contrario, porque las nuevas generaciones son cada vez más inteligentes. Los adolescentes saben distinguir que las redes sociales son para informarse —o en su idioma, “psicopatear” a otros— y no para sustituir la comunicación cara a cara, que es irreemplazable, y siguen buscando y encontrando la forma de vivir experiencias reales con el resto, que luego comparten por las redes sociales, proyectando la imagen que eligen construir para posicionarse en el mundo virtual. Y los adultos hemos caído presa del fascinante atractivo de la comunicación gratis y abierta, y no logramos dejar de mirar nuestro dispositivo móvil.

Todas las anteriores son buenas noticias cuando están bien utilizadas. Sin embargo, el ser humano es complejo y aquí se juegan muchas variables que han comenzado a interactuar, generando tensión entre la vida privada y la pública.

Entonces vemos autoridades que teniendo redes sociales y debiendo cumplir un rol público —para lo cual ayuda tener la mayor cantidad de seguidores posible y hacer un adecuado uso con la finalidad de informar e interactuar con la ciudadanía—, son temerosas y prefieren actuar con inseguridad o timidez, y ante el menor desacuerdo bloquean al interlocutor molesto. Lo mismo ocurre en nuestra vida cotidiana cuando algún conocido nos sorprende con un “bloqueo”.

¿Cuál es la explicación? No entendemos si es una suerte de inhabilidad social o ataque de timidez extrema. Luego, no sabemos si atribuirlo a algún miedo o a una intolerancia intransigente. ¿Creemos que si bloqueamos el otro deja de existir? Obviamente no, nadie deja de existir —ni en lo material, ni lo inmaterial— por ser bloqueado en las redes sociales. Su presencia su voz y sus ideas seguirán influyendo a pesar de que nos restemos de verlo, leerlo o escucharlo.

Tanto en lo público como en lo privado, hoy el mundo nos exige habilidades sociales en estas novedosas canchas y ser resistentes a la frustración, abiertos a las diferencias, tolerantes, respetuosos y resilientes.

En realidad, nada es tan nuevo, seguimos viviendo en sociedad y sólo hemos sumado vías y medios innovadores para comunicarnos; porque como personas se nos siguen demandando habilidades de comunicación y calidad humana que nos permitan vivir y convivir en armonía y democracia.

Lo necesitan nuestras familias, la sociedad y el país, para mirar con otra cara el futuro.

 

Mónica Reyes, Reyes & Asociadas Comunicación Creativa

 

 

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