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Publicado el 03 de mayo, 2018

Alianza Progresista en auxilio de Piñera

Economista Luis Larraín
Desgraciadamente para el país, la mayor de las veces los costos de las malas decisiones del gobierno anterior no los pagaba sólo La Moneda en forma de costos políticos, sino la ciudadanía. Por eso, la reaparición en escena de Michelle Bachelet esta semana ha sido providencial para Chile Vamos y el gobierno de Sebastián Piñera.
Luis Larraín Economista
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Después de una mala semana para el gobierno de Sebastián Piñera —básicamente porque perdió el control de la agenda y tuvo que estar preocupado de acusaciones de nepotismo por el anunciado nombramiento de Pablo Piñera como embajador en Argentina—, afortunadamente apareció en escena Michelle Bachelet.

Apareció para recordarnos, por ejemplo, que en su gobierno, cuando se cometía un error político (y el nombramiento de Pablo Piñera lo fue), la decisión se mantenía a como diera lugar, hasta llegar al punto en que sus propios partidarios se distanciaban de ella. En algunos casos, se insistía en la decisión hasta el final, y en otros igual había que revertirla tiempo después, luego de pagar grandes costos por ello.

Ocurrió por ejemplo en la reforma educacional, cuando se prohibió que los colegios particulares subvencionados arrendaran los locales donde se impartían las clases, como si se pudiera decidir centralizadamente si una actividad debe realizarse en locales propios o arrendados, una aberración a todas luces. Todo ello para evitar “el lucro”. Pese a que se le dijo en todos los tonos al gobierno que eso no iba a funcionar, la ley se aprobó así. Muchos meses después, llegado el momento en que debía entrar en vigencia, hubo que enviar otro proyecto de ley al Congreso, porque de lo contrario un alto número de niños en Chile se habría quedado sin colegio. Fue una de las varias “reformas a la reforma” que se hicieron en el segundo gobierno de Bachelet.

Desgraciadamente para el país, la mayor de las veces los costos de estas malas decisiones no los pagaba sólo el gobierno en forma de costos políticos, sino la ciudadanía; por ejemplo, sin saber —a pocos meses de iniciarse el año escolar— si sus hijos iban a poder seguir asistiendo al mismo colegio de siempre o no.

Por eso, la reaparición en escena de Michelle Bachelet esta semana ha sido providencial para Chile Vamos y el gobierno de Piñera. El presidente del Partido Socialista le ha hecho un homenaje a la ex Mandataria destacando los “logros” de su gobierno, en el marco de una organización internacional llamada Alianza Progresista que nos trae a la memoria el nombre de un colectivo de personas que se retiraron de la Democracia Cristiana: “Progresismo con Progreso”. Durante el gobierno de Bachelet el país creció apenas al 1,7%, después del 5,3% de la administración anterior. Como esa cifra es muy similar al crecimiento de la población, lo que ha ocurrido es que el ingreso per cápita permaneció estancado durante su gestión, pese a las altas expectativas de mejoría del bienestar que sembró la Nueva Mayoría.

En las propias filas de la centroizquierda la reaparición de Bachelet, con sus pretensiones de defender su “legado”, no ha concitado un apoyo unánime. Podría significar subirse a un caballo perdedor y revivir cada una de las disputas que llevaron a la derrota de Alejandro Guillier”.

La irrupción de Bachelet también nos recuerda que un tema tan relevante como la migración masiva hacia nuestro país transcurría en medio de la inacción de su gobierno, que no tramitó un proyecto de ley que había ingresado al Congreso su antecesor. Ello provocó todo tipo de problemas que afectaron principalmente a los propios migrantes —objeto de abusos por su condición irregular—, e inquietud en la población, por la proyección incontrolada de este fenómeno regulado con una ley del año 1975.

En las propias filas de la centroizquierda la reaparición de Bachelet, con sus pretensiones de defender su “legado”, no ha concitado un apoyo unánime, como era de esperar. Podría significar subirse a un caballo perdedor y revivir cada una de las disputas que llevaron a Alejandro Guillier a una clara derrota en la última elección presidencial.

Afortunadamente para Piñera, los genios de la izquierda no descansan. No contentos con homenajear a Bachelet, ahora los partidos que integran esta Alianza Progresista (en Chile son el PS, el PPD y el PR) estarían considerando invitar a nuestro país al ex Presidente de Brasil, Lula da Silva. Para dar testimonio de su compromiso inquebrantable con la probidad, supongo. Larga vida a la Alianza Progresista.

El gobierno de Sebastián Piñera, por su parte, sólo necesita recuperar la agenda. Al dejar atrás el episodio del frustrado nombramiento diplomático de Pablo Piñera está en camino de hacerlo, si es capaz de seguir poniendo en práctica soluciones efectivas en materia de seguridad ciudadana, impulso al crecimiento, pensiones, atención de salud y otras que coincidan con las prioridades de los chilenos.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero

 

 

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

 

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