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Publicado el 22 de mayo, 2015

21 de mayo: La decepción

Tal vez lo más preocupante del discurso de la Presidente Bachelet sean sus omisiones a tareas que impactan al corazón de la calidad de vida de las personas.
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“Chile está viviendo uno de los procesos transformadores más importantes de su historia”. Así partió ayer Michelle Bachelet su discurso, ante el Congreso pleno.

Hay solo dos posibilidades para entender el espíritu que inspiró el Mensaje a la Nación de la Presidenta de la República. O no ha entendido nada de lo que efectivamente está ocurriendo en Chile, ni se ha enterado de las razones por las cuales la mayoría de los ciudadanos rechaza desde hace más de seis meses la manera en la que está conduciendo su gobierno y el contenido de sus reformas. O, lo más probable, entiende perfectamente qué está ocurriendo, pero nada la hará moverse de su decisión de seguir adelante con las “transformaciones”, que ampara El Programa (un verdadero amuleto, a estas alturas), convencida de que el momento es ahora y no dejará pasar la oportunidad irrepetible de ver flamear las banderas que la izquierda guardó por décadas.

Solo así se entiende que, con la sonrisa serena de siempre, nos haya asegurado que tiene “la convicción ética y el fundamento técnico de que nuestras reformas son buenas para una economía que quiere estar a la altura de sus oportunidades de desarrollo y de las exigencias sociales de la equidad”. Y que acto seguido, se haya despachado un “Chile ha avanzado porque hemos hecho las cosas bien”.

Con un discurso que menciona once veces la palabra “transformaciones” (y entendemos la connotación que le ha dado históricamente la izquierda), uno no se explica las razones del cambio de gabinete que hizo la mandataria hace 10 días, –el más profundo en 25 años de democracia- ni menos todavía la designación de los actuales ministros del Interior y Hacienda.

Nada sobre el fracaso de la conducción política en su primer año. Ni nada respecto de la caída estrepitosa de nuestra economía, que en 14 meses instaló a Chile casi al final de la tabla en materia de crecimiento, tras cuatro años encabezándola (salvo la explicación de los “factores externos” que, naturalmente, es la única que le acomoda).

Nada tampoco sobre el impacto que están generando las reformas y ni hablar del alza de la inflación (de 2,1% en marzo de 2014 a 4,8% hoy). Nada respecto a cómo diablos espera financiar los compromisos de su Programa y la larguísima lista de promesas que hizo ayer, cuando la reforma tributaria ya agotó sus recursos. Y, por cierto, nada sobre una agenda pro crecimiento e inversión.

Prácticamente el único tema peliagudo al que se refirió, de los varios que enfrenta, fue el de la Nueva Constitución. Lamentablemente lo hizo con un grado de ambigüedad que raya en la irresponsabilidad, sin mencionar el “proceso constituyente” que anunció hace menos de un mes. Si era demasiado complicado para la Presidenta ser más explícita y quería evitar contradecir a los amigos de la AC, al menos pudo habernos comunicado cuáles son los pilares de esa Constitución “genuinamente republicana y soberana” a la que aspira. Seguimos, por tanto, con las mismas dudas respecto a ni más ni menos que uno de los factores que generan mayor incertidumbre.

Tal vez lo más preocupante del discurso de la Presidente Bachelet sean sus omisiones a tareas que impactan al corazón de la calidad de vida de las personas. Fueron tantas y tan evidentes sus omisiones, que si fuéramos mal pensados habríamos entendido que ha renunciado a cumplir simplemente con un buen gobierno, el mandato mínimo que recibe todo Presidente de la República cuando acepta la responsabilidad de conducir a Chile.

Nada sobre delincuencia. Menciona esa palabra solo una vez, en un discurso de 35 páginas, y para referirse a ella como uno de los riesgos ¡De los basurales! Menciona un par de proyectos de ley relativo a ciertos delitos, pero en la línea siguiente se refiere a la “cohesión social” que exige su combate (en dos palabras: es la sociedad la responsable, no la opción equivocada de los delincuentes).

Nada sobre La Araucanía, ni por qué razón es la única región que no ha visitado aún; ni sobre el infierno que viven cientos de agricultores víctimas de la violencia. Tal como ha mostrado su empatía con el sufrimiento tantas veces, la Presidenta bien pudo al menos haberle regalado una palabra de apoyo a la familia cuya vivienda fue incendiada con ella dentro, la madrugada del miércoles en Los Ríos. Nada, silencio absoluto.

Nada sobre los 11 de paros de salud que se han registrado desde fines de marzo de 2014 hasta esta semana (casi uno al mes). Nada sobre las listas de espera en Salud, ni sobre plan alguno para responder a los pacientes AUGE cuya lista de espera se ha duplicado en 14 meses o a los que esperan cirugías NO AUGE, cuyo número pasó de 2 mil 700 a 130 mil.

En síntesis: un discurso decepcionante, pensado para un país imaginario y no para el Chile real, que exige mayoritariamente un cambio de rumbo, para revertir los efectos desastrosos de malas ideas en apenas 14 meses; y un gobierno que cumpla con sus tareas mínimas con el mismo entusiasmo con el que hace anuncios. Y, tal vez lo más esperado y, por tanto, la mayor decepción, reformas coherentes con el nivel de desarrollo que hemos alcanzado, inspiradas en las mejores experiencias del mundo y no en las quimeras de un grupo de persistentes ideólogos, aparentemente los únicos inspiradores de la Presidenta.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: RAFAEL MARTÍNEZ/AGENCIAUNO

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